El grupo está integrado por Pedro Monreal, Mauricio de Miranda, Omar Everleny Pérez, Ricardo Torres y Pavel Vidal, especialistas que durante años han analizado la crisis cubana desde posiciones independientes y críticas frente al modelo de planificación centralizada impuesto por el Partido Comunista.
La iniciativa, presentada como Cuba Transformación, surge en un momento clave para la isla, cuando el régimen de Miguel Díaz-Canel intenta vender un paquete de reformas económicas como respuesta a la peor crisis del país en décadas.
Sin embargo, a diferencia de las medidas oficiales, la propuesta de estos economistas parte de una premisa clara: Cuba no necesita simples parches administrativos ni aperturas controladas desde el poder, sino una transformación profunda del modelo económico e institucional.
Los expertos defienden la necesidad de avanzar hacia una economía social de mercado, un sistema donde exista propiedad privada, competencia, inversión, libertad empresarial y mecanismos de mercado, pero también protección social para los sectores más vulnerables.
Ese enfoque busca combinar eficiencia económica con justicia social, evitando tanto el control absoluto del Estado como un capitalismo sin reglas que abandone a los más pobres.
La propuesta también señala un punto decisivo: ninguna reforma económica será suficiente si no va acompañada de cambios institucionales reales. Para que exista una economía funcional, Cuba necesita seguridad jurídica, reglas claras, respeto a la propiedad, independencia institucional y un Estado democrático de derecho.
Ese planteamiento contrasta con la agenda oficial del régimen, que intenta ampliar espacios de mercado sin abandonar el monopolio político del Partido Comunista. El gobierno habla de inversión extranjera, sector privado, bancos privados y nuevas empresas, pero mantiene intacto el control político, la censura y la falta de libertades.
Para los economistas independientes, el problema cubano no puede explicarse únicamente por sanciones externas ni por errores coyunturales. La raíz está en el agotamiento de un modelo centralizado que durante décadas bloqueó la producción, castigó la iniciativa privada, destruyó incentivos y convirtió al país en una economía dependiente e improductiva.
Cuba vive hoy una crisis extrema: apagones prolongados, inflación, falta de divisas, escasez de alimentos, salarios destruidos, caída del turismo, crisis migratoria y pérdida de confianza en las instituciones. En ese escenario, cualquier reforma parcial corre el riesgo de fracasar si no toca las causas estructurales del colapso.
El trabajo de Monreal, De Miranda, Everleny, Torres y Vidal representa una respuesta técnica y política al discurso oficial. No se trata solo de diagnosticar la crisis, sino de proponer un camino viable para reconstruir el país desde nuevas bases.
La economía social de mercado que plantean implicaría liberar las fuerzas productivas, permitir que los cubanos emprendan sin miedo, atraer inversión con garantías reales, reformar el sistema monetario, ordenar las finanzas públicas, proteger a los más vulnerables y desmontar las trabas que impiden producir.
Pero también exigiría transparencia, rendición de cuentas y un marco legal que no dependa del capricho del poder. Sin esos elementos, cualquier apertura puede convertirse en otra maniobra para salvar al régimen y beneficiar a los grupos cercanos a la cúpula.
La propuesta independiente llega cuando la población cubana muestra un cansancio cada vez mayor ante las promesas oficiales. Después del fracaso de la Tarea Ordenamiento y de años de anuncios incumplidos, muchos ciudadanos desconfían de cualquier reforma diseñada por los mismos responsables de la crisis.
Por eso, la iniciativa de estos cinco economistas cobra importancia: plantea que la salida no está en maquillar el viejo modelo, sino en construir uno nuevo, con mercado, justicia social, derechos, instituciones y libertad económica real.
Cuba necesita producir, atraer capital, proteger a su gente y devolver al ciudadano la posibilidad de prosperar sin pedir permiso al Partido Comunista.
La economía social de mercado propuesta por estos expertos no es una solución mágica, pero sí marca una diferencia fundamental frente al discurso oficial: reconoce que sin cambios de fondo, sin Estado de derecho y sin libertad económica verdadera, la crisis seguirá devorando al país.
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