una sucursal de BANDEC en el municipio Nueva Paz, provincia Mayabeque, para intentar extraer apenas 4,000 pesos cubanos.

La activista asegura que, pese a tratarse de su propio dinero, no ha logrado obtener una respuesta efectiva por parte de la entidad bancaria. Su caso refleja una realidad que sufren miles de cubanos: tener dinero en una cuenta no significa poder disponer de él cuando lo necesitan.

En toda Cuba, los ciudadanos se ven obligados a realizar largas colas durante horas e incluso durante varios días para poder retirar efectivo. Muchos llegan de madrugada a las sucursales, esperan bajo el sol, pierden jornadas completas y aun así regresan a sus casas sin resolver.

El problema no se limita a la falta de dinero en cajas o cajeros. Para muchas familias, no poder sacar efectivo significa no poder comprar alimentos, pagar transporte, adquirir medicinas o resolver necesidades básicas en un país donde gran parte de la economía cotidiana todavía depende del dinero físico.

A esta situación, Jessica Coimbra suma una denuncia más grave: la presunta discriminación política contra opositores y activistas de derechos humanos. Según su testimonio, cuando algunos directivos o empleados identifican a una persona como crítica del régimen, pueden dejarla esperando indefinidamente mientras atienden a otros clientes.

De confirmarse, este tipo de trato constituiría otra forma de castigo político contra ciudadanos que han ejercido su derecho a protestar, denunciar abusos o exigir cambios democráticos en Cuba.

La denuncia vuelve a mostrar cómo la crisis económica se combina con la represión política. No se trata solamente de un banco sin efectivo, sino de un sistema donde el ciudadano común queda indefenso frente a instituciones estatales que controlan su salario, sus ahorros y hasta la posibilidad de disponer de su propio dinero.

En el caso de los opositores, la situación puede ser aún más difícil. Al control económico se suma la vigilancia, el hostigamiento, las amenazas y la discriminación institucional. Para muchos activistas, cada trámite cotidiano puede convertirse en una forma de presión.

Mientras el régimen habla de bancarización y modernización financiera, la realidad en las calles es otra: colas interminables, cajeros vacíos, bancos sin respuesta y ciudadanos desesperados tratando de sacar cantidades mínimas de dinero.

El caso denunciado por Jessica Coimbra Noriega en Nueva Paz expone una pregunta que muchos cubanos se hacen cada día: ¿cómo puede un pueblo confiar en un sistema bancario que no garantiza el acceso al dinero que pertenece a los propios ciudadanos?

La crisis de efectivo es otra muestra del deterioro económico del país. Salarios sin poder adquisitivo, precios disparados, escasez de productos y ahora también obstáculos para retirar dinero convierten la vida diaria en una lucha constante.

Cuba necesita instituciones que sirvan al pueblo, no mecanismos de control político ni estructuras que castiguen al ciudadano por pensar diferente. Retirar el propio dinero no debería ser un privilegio ni depender de la voluntad de un funcionario.

La denuncia de esta ex prisionera política del 11J vuelve a dejar claro que el abuso contra el pueblo cubano no solo ocurre en las cárceles o en las protestas reprimidas. También ocurre en una cola, en una ventanilla bancaria y en cada trámite donde el ciudadano es tratado como si no tuviera derechos.

¡Basta de abusos contra el pueblo cubano!