Hegseth realizó las declaraciones durante su visita a Panamá, donde supervisó ejercicios militares multinacionales y participó en actividades relacionadas con la nueva estrategia estadounidense contra carteles, organizaciones designadas como terroristas y amenazas externas en América Latina.

Aunque parte de sus comentarios sobre “influencia maligna” se refieren de manera más amplia a la presencia de adversarios como China, Rusia e Irán en el hemisferio, Cuba también quedó directamente bajo advertencia durante sus declaraciones a la prensa. Hegseth afirmó que Washington quiere una mayor cooperación de La Habana “les guste o no”, según el reporte de sus palabras desde el USS Gridley.

La postura encaja con la estrategia que la Administración Trump viene desarrollando durante 2026. La Casa Blanca ha acusado oficialmente al Gobierno cubano de contribuir a la inestabilidad regional y de mantener relaciones con actores considerados contrarios a los intereses de seguridad nacional de Estados Unidos.

El mensaje adquiere todavía mayor relevancia porque Hegseth ya ha evitado descartar públicamente opciones militares respecto a Cuba. Sin embargo, es importante diferenciar esa advertencia de una decisión de intervenir: hasta ahora no existe un anuncio oficial de una operación militar estadounidense contra la Isla.

Informaciones publicadas anteriormente indicaron que responsables militares estadounidenses habían estudiado diferentes escenarios relacionados con Cuba. El hecho de que existan planes o evaluaciones dentro del Pentágono tampoco significa que Donald Trump haya autorizado su ejecución.

Desde Panamá, Hegseth insistió además en que el Gobierno estadounidense ha vuelto a colocar al hemisferio occidental entre sus principales prioridades estratégicas. Según explicó, hace apenas 18 meses el Comando Sur tenía prioridades diferentes y ahora el objetivo incluye proteger el territorio estadounidense, combatir organizaciones criminales y reforzar las alianzas militares regionales.

La advertencia llega mientras Washington mantiene una intensa campaña económica y diplomática contra La Habana. En los últimos meses, la Administración Trump ha ampliado sanciones contra funcionarios y entidades cubanas, al mismo tiempo que mantiene abiertos determinados canales de comunicación con el Gobierno de Miguel Díaz-Canel.

El escenario es, por tanto, particularmente delicado: Estados Unidos combina negociaciones, sanciones y cooperación selectiva con una retórica de seguridad nacional mucho más agresiva. La presencia de Hegseth en Panamá demuestra además que Washington quiere respaldar esa política con una mayor cooperación militar en América Latina.

El mensaje que sale de Panamá es difícil de ignorar para La Habana: la Administración Trump considera nuevamente al Caribe y América Latina un espacio estratégico prioritario y asegura que no permitirá que gobiernos o potencias que identifica como adversarios amplíen su influencia en el hemisferio. Lo que todavía no puede afirmarse es que esas advertencias signifiquen que exista una decisión estadounidense de utilizar la fuerza militar contra Cuba.

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