Según un testimonio difundido por Isali Rivero, inicialmente se informó que solamente dos madres podrían realizar el viaje y sin tener asegurado el regreso. Finalmente, la única alternativa habría sido enviar la comida y las pertenencias con un chofer que se dirigía a buscar combustible para estructuras gubernamentales locales.

Lo que debía ser una visita familiar terminó convertido en otra jornada de frustración para un grupo de madres que intentaba llegar hasta sus hijos alojados en centros internos.

De acuerdo con la denuncia, las familias habían organizado el viaje desde Minas de Matahambre, pero la falta de combustible impidió garantizar un transporte para todas.

En un primer momento se habría planteado que solamente dos madres podían ocupar el vehículo disponible, aunque ni siquiera existía la seguridad de que pudieran regresar posteriormente a sus hogares.

Esta posibilidad obligaba a las mujeres a decidir quiénes podrían ver a sus hijos y quiénes tendrían que permanecer en el municipio, a pesar de haber preparado alimentos y artículos necesarios para los estudiantes.

Posteriormente apareció una solución improvisada: entregar las pertenencias a un chofer que viajaría hasta Pinar del Río con el propósito de recoger combustible.

De esta manera, los jóvenes podrían recibir al menos parte de la ayuda enviada por sus familias, pero las madres quedarían nuevamente sin la posibilidad de visitarlos personalmente.

La publicación sostiene que el combustible recogido estaría destinado a estructuras del Gobierno local, mientras no existía una reserva capaz de garantizar el traslado de las familias.

Esta afirmación procede del testimonio compartido y no ha sido acompañada por una explicación oficial que permita conocer cómo se distribuyeron los recursos disponibles.

Hasta el momento, las autoridades municipales y provinciales no han informado públicamente si ofrecerán otro transporte ni cuándo podrán las madres realizar la visita suspendida.

El episodio demuestra cómo la crisis energética afecta mucho más que la generación eléctrica. La falta de combustible paraliza vehículos, reduce rutas, dificulta el acceso a escuelas y hospitales y separa a familias enteras.

Los estudiantes internos dependen con frecuencia de los alimentos, productos de higiene, ropa y otros artículos que sus familiares consiguen con enorme esfuerzo y les llevan durante las visitas.

Cuando ese transporte desaparece, la carga vuelve a recaer sobre los ciudadanos, quienes deben buscar vehículos particulares, pagar precios elevados o confiar sus pertenencias a terceras personas.

La denuncia también cuestiona las prioridades de las autoridades: mientras determinados organismos mantienen acceso a recursos limitados, necesidades familiares tan elementales quedan sometidas a soluciones precarias.

No se trata únicamente de combustible. Se trata del derecho de una madre a acompañar a su hijo, comprobar sus condiciones y entregarle personalmente lo que necesita mientras permanece alejado de su hogar.

El caso de Minas de Matahambre resume una realidad que se repite en diferentes lugares de Cuba: transporte paralizado, familias separadas y ciudadanos obligados a improvisar ante servicios públicos cada vez más deteriorados.

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