Un video difundido en redes sociales vuelve a mostrar la desesperación de familias cubanas que pasan días sin recibir agua en sus viviendas, obligadas a cargar cubos, tanques y pomos para poder cocinar, bañarse, limpiar o simplemente sobrevivir.

La situación no es nueva, pero cada vez se vuelve más grave. En muchas comunidades, abrir una pila y que salga agua se ha convertido en un lujo. Hay familias que dependen de pipas que no llegan a tiempo, de vecinos solidarios o de inventar soluciones para poder resolver lo mínimo del día.

La falta de agua no solo afecta la higiene personal. También golpea la salud, la alimentación, el cuidado de los niños, los ancianos y los enfermos. Sin agua, una familia no puede cocinar adecuadamente, lavar ropa, mantener limpia la casa ni enfrentar el calor intenso que se vive en muchas zonas del país.

A esta crisis se suma el problema de los apagones. Cuando no hay electricidad, muchas estaciones de bombeo dejan de funcionar, los edificios altos no reciben agua y los sistemas de distribución se paralizan. Así, el cubano queda atrapado entre dos golpes diarios: sin corriente y sin agua.

Mientras el gobierno intenta justificar el desastre con discursos repetidos, la realidad en los barrios es otra. La gente no necesita consignas, necesita agua. No necesita propaganda, necesita servicios básicos. No necesita promesas, necesita vivir con dignidad.

La falta de mantenimiento durante años, las tuberías rotas, las salideros, la falta de inversión y la mala administración han convertido el acceso al agua en una angustia permanente para millones de cubanos.

En cualquier país normal, el agua potable es una prioridad. En Cuba, muchas familias deben organizar su vida alrededor de cuándo llega el agua, si llega la pipa, si hay corriente para bombear o si podrán llenar aunque sea unos cuantos recipientes.

Este nuevo video refleja una verdad dolorosa: la crisis cubana no está solamente en los apagones, en la falta de comida o en los hospitales sin recursos. También está en cada casa donde una madre no puede bañar a sus hijos, donde un anciano no puede asearse, donde una familia no puede cocinar porque ni siquiera tiene agua.

El pueblo cubano sigue pagando las consecuencias de un sistema que ha destruido los servicios más elementales. Agua, electricidad, comida, medicinas y transporte deberían ser derechos básicos, no privilegios ni favores.

La falta de agua es otra muestra del abandono que sufre la población. Un país no puede hablar de avances mientras millones de personas viven cargando cubos para resolver lo que debería salir todos los días por una pila.