La pieza, compartida por la curadora y activista Anamely Ramos, tiene forma de moyugba, un rezo de invocación a los ancestros dentro de la tradición yoruba/lucumí. En ella, Otero Alcántara transforma el duelo personal en un gesto artístico y político.
El dato más doloroso es humano: entre los nombres mencionados están familiares cercanos, incluida su madre, Vivian del Carmen Alcántara Carbonell, fallecida en 2021 antes del arresto del artista tras las protestas del 11 de julio.
Otero fue condenado en junio de 2022 a cinco años de prisión por “ultraje a los símbolos patrios”, “desacato” y “desórdenes públicos”. CiberCuba señala que ha continuado creando desde la cárcel, pese a las condiciones represivas que denuncia.
La importancia de esta noticia no está en el audio como pieza aislada, sino en lo que revela: en Cuba, incluso el luto puede convertirse en acto de resistencia. Cuando un preso político tiene que despedirse de sus muertos desde una celda, el castigo ya no es solo legal; es moral, familiar y espiritual.
El régimen puede encerrar a un artista, pero no siempre puede impedir que su obra salga. La voz de Otero Alcántara llega desde la prisión como una acusación serena: ningún poder que impide despedirse de una madre puede llamarse defensor de la dignidad humana sin que la palabra dignidad se rompa por dentro.