Según el reporte, la estructura permite concentrar más recursos humanos, financieros y tecnológicos específicamente sobre Cuba. Entre el personal incorporado figuran analistas de inteligencia, agentes especializados en operaciones y contravigilancia y otros funcionarios encargados de ampliar la capacidad estadounidense para obtener información dentro de la Isla.
Cuba habría sido elevada además a la categoría de “Prioridad 1” dentro del Marco Nacional de Prioridades de Inteligencia de Estados Unidos, un nivel en el que también se encuentran China, Rusia e Irán. La decisión implica que diferentes agencias estadounidenses están destinando más recursos a conocer las capacidades, movimientos y decisiones de la estructura de poder cubana.
Uno de los objetivos descritos en la investigación sería identificar divisiones dentro de la élite gobernante cubana y aumentar la presión para que dirigentes considerados de línea dura sean sustituidos por figuras dispuestas a realizar reformas económicas y políticas. También existiría interés en rastrear movimientos financieros y negocios vinculados a altos funcionarios.
La escalada tiene un precedente reciente. En mayo, el director de la CIA, John Ratcliffe, viajó a La Habana y se reunió con altos funcionarios cubanos. Una fuente de la agencia dijo entonces a Reuters que Ratcliffe transmitió el mensaje de Trump de que Washington solo estaba dispuesto a avanzar seriamente en cuestiones económicas y de seguridad si Cuba realizaba “cambios fundamentales”.
Los nuevos informes indican también que Washington busca mejorar rápidamente su información sobre el terreno ante diferentes escenarios futuros. Sin embargo, esto no significa que exista actualmente una operación militar aprobada contra Cuba. La recopilación de inteligencia permitiría actualizar opciones para la Casa Blanca en caso de que Trump decidiera adoptar medidas adicionales.
La comparación con Venezuela resulta inevitable. Meses antes de la operación estadounidense del 3 de enero que terminó con la captura de Nicolás Maduro, la CIA había desplegado personal sobre el terreno, reclutado una fuente cercana al gobernante venezolano y estudiado durante meses sus movimientos. Reuters reveló posteriormente que aquella inteligencia fue fundamental para localizarlo durante la operación.
Aun así, que Washington esté utilizando algunas herramientas similares no permite concluir que Cuba vaya a enfrentar necesariamente el mismo desenlace. El escenario cubano posee características militares, políticas y de inteligencia diferentes, y hasta ahora no existe confirmación pública de una orden de Trump para ejecutar una intervención armada.
La Habana reaccionó acusando a Washington de espionaje, subversión y desestabilización. El Gobierno cubano sostiene que las acciones estadounidenses constituyen una amenaza contra su soberanía, mientras Washington argumenta que busca presionar por reformas económicas, apertura política y cambios en un sistema de partido único que permanece en el poder desde hace más de seis décadas.
Lo revelado por The New York Times representa, en cualquier caso, un nuevo nivel en la confrontación entre Washington y La Habana: Cuba ya no es solamente objeto de sanciones y presión diplomática, sino una prioridad máxima para los servicios de inteligencia estadounidenses. Después de lo ocurrido en Venezuela, cada movimiento de la CIA alrededor de la Isla será observado con especial atención.
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