Durante el debate extraordinario sobre el embargo en la Asamblea General de Naciones Unidas, el embajador estadounidense Mike Waltz cuestionó duramente que el régimen gastara recursos en una sesión de seis horas en Nueva York mientras la isla atravesaba otro colapso eléctrico. Según cifras expuestas por la parte estadounidense, el encuentro habría costado unos 168,000 dólares, calculados a partir de un gasto estimado de 28,000 dólares por hora.
La crítica fue contundente: ese dinero, según el representante de EE.UU. Jeffrey Bartos, pudo haberse usado para alimentar a 3,500 niños cubanos durante un mes, entregar kits de salud de emergencia a 40,000 personas o comprar más de 1,600 linternas solares para familias obligadas a pasar la noche a oscuras.
El mensaje de Washington fue claro: mientras el pueblo cubano vive entre apagones y miseria, la dictadura invierte tiempo, dinero y maquinaria diplomática en fabricar propaganda internacional.
Waltz también rechazó la narrativa del régimen sobre un supuesto “bloqueo” naval de Estados Unidos contra Cuba. “No hay un anillo de barcos de guerra estadounidenses alrededor de la isla bloqueando el comercio o la ayuda humanitaria”, dijo el embajador, calificando esa versión como falsa.
En su intervención, Waltz afirmó que el verdadero embargo en Cuba no lo impone Washington, sino el propio régimen contra su pueblo: un embargo contra la libertad de expresión, la empresa privada, la disidencia, los derechos políticos y, ahora, incluso contra la luz.
El diplomático estadounidense conectó el debate con el colapso del Sistema Eléctrico Nacional y denunció que, mientras las familias cubanas pierden comida por falta de refrigeración, los hospitales trabajan en condiciones críticas y la población queda incomunicada por falta de carga en los teléfonos, siempre parece haber electricidad para las sedes del poder y los espacios vinculados a la élite castrista.
Uno de los momentos más duros llegó cuando Waltz apuntó contra GAESA, el conglomerado militar que controla sectores clave de la economía cubana. Según la denuncia estadounidense, GAESA maneja miles de millones de dólares en activos, mientras esos recursos no se traducen en comida, medicinas, combustible ni soluciones para la población. La misión de EE.UU. ante la ONU afirmó que ese grupo militar controla cerca de la mitad de la economía cubana y mencionó una cifra de 18,000 millones de dólares.
Waltz también llevó al debate el rostro de las víctimas de la represión. Mostró fotografías de presos políticos y mencionó a artistas y activistas cubanos como Luis Manuel Otero Alcántara, Maykel Castillo “Osorbo” y Duannis Dabel León Taboada, recordando que no fueron encarcelados por violencia, sino por expresarse, crear arte, escribir música y desafiar el control del régimen.
La tensión aumentó cuando la delegación cubana intentó interrumpir el discurso estadounidense. Según reportes del intercambio, miembros de la delegación golpearon la mesa mientras Waltz hablaba. El embajador respondió con una frase que rápidamente se volvió viral:
“Esto no es La Habana. Esto es Estados Unidos. Esto es Naciones Unidas. Y hablaremos, seremos escuchados y no seremos silenciados como su propio pueblo”.
El canciller cubano Bruno Rodríguez también intentó frenar la intervención con una moción de orden. Pero la presidencia de la Asamblea permitió continuar al representante estadounidense. Waltz respondió sin retroceder:
“La verdad duele, y la verdad no es una falta de respeto”.
El episodio dejó al descubierto el choque entre dos narrativas. Por un lado, el régimen cubano volvió a culpar a Estados Unidos de la crisis nacional. Por el otro, Washington acusó directamente a La Habana de usar el embargo como excusa para esconder corrupción, represión, incompetencia y el saqueo económico de una élite militar.
Mientras el régimen gasta miles de dólares en tribunas internacionales, Cuba sigue a oscuras. Y mientras sus diplomáticos hablan de soberanía en Nueva York, millones de cubanos siguen sin comida suficiente, sin electricidad estable, sin salarios dignos y sin libertad para reclamar.
La pregunta que queda flotando no es cuánto cuesta hablar en la ONU. La verdadera pregunta es cuántos apagones, cuántas colas, cuántos presos políticos y cuántos niños con hambre necesita Cuba para que el mundo entienda que el problema no es la propaganda de La Habana, sino el sistema que mantiene secuestrado a todo un país.
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A culpa do bloqueio do petróleo é dos EUA, independentemente do comunismo ter falhado ou não em Cuba. O bloqueio do petróleo foi feito de propósito pelos EUA para asfixiarem ainda mais o povo Cubano. EUA que se deixe de atos genocidas e que deixe o povo viver. Abaixo bloqueio genocida contra o povo de Cuba por parte dos EUA. Basta de fazer sofrer ainda mais este povo que já está fostigado demais.