La mujer describe una realidad que se repite en muchos hogares cubanos: familias enteras pendientes de un breve momento de corriente para intentar resolverlo todo a la vez. Cocinar rápido, lavar, cargar una lámpara, enfriar un poco de agua o salvar algún alimento antes de que vuelva la oscuridad.

Su denuncia llega en un momento especialmente crítico. Cuba sufrió esta semana otro apagón nacional que afectó a casi 10 millones de personas, en medio del deterioro de la red eléctrica, la falta de combustible y una crisis energética que ya se ha vuelto parte de la vida diaria de la población.

La madre también aseguró que, cuando los vecinos salen a protestar por los apagones y las condiciones de vida, aparecen camiones con un fuerte despliegue policial para intimidar a quienes se atreven a levantar la voz. Su testimonio no solo habla de falta de electricidad: habla de miedo, vigilancia y represión contra un pueblo agotado.

En los últimos días, residentes de La Habana y otras zonas del país han salido a las calles para protestar por la falta de corriente, golpeando calderos, tocando bocinas y exigiendo respuestas tras largas horas sin electricidad. Reuters reportó protestas en La Habana luego del colapso del sistema eléctrico, mientras las autoridades intentaban restablecer el servicio de forma parcial.

La pregunta de esta madre resume el cansancio de millones de cubanos: ¿hasta cuándo puede resistir un pueblo viviendo así?

Porque no se trata solo de apagones. Se trata de niños durmiendo sudados, ancianos sin ventilador, enfermos sin condiciones mínimas, comida que se echa a perder, salarios que no alcanzan y familias obligadas a vivir en una emergencia permanente.

Mientras el régimen culpa a factores externos, los cubanos enfrentan la oscuridad real dentro de sus casas. Y cuando protestan, según denuncias ciudadanas, la respuesta no siempre llega en forma de soluciones, sino de patrullas, vigilancia y amenazas.

Este testimonio duele porque no parece una excepción, sino el retrato de un país entero llevado al límite. Una madre llorando por la impotencia de no poder garantizar lo básico a su familia es una imagen que ningún discurso oficial puede tapar.

Cuba no necesita más consignas. Cuba necesita electricidad, comida, libertad y un gobierno que responda ante su pueblo, no que lo intimide cuando reclama vivir con dignidad.

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