Los jubilados se encuentran entre los sectores más perjudicados. Muchos reciben sus pensiones mediante tarjetas bancarias, pero después deben pasar horas intentando convertir ese saldo electrónico en billetes con los cuales comprar alimentos, medicinas y otros productos esenciales.

La política de bancarización fue presentada por las autoridades cubanas como una estrategia para modernizar la economía, reducir el uso de efectivo y extender los pagos mediante Transfermóvil, EnZona, terminales de venta y otras plataformas digitales.

Sin embargo, la realidad cotidiana muestra profundas contradicciones. Una persona puede tener dinero depositado en su cuenta y, al mismo tiempo, no encontrar un cajero con efectivo, una sucursal capaz de entregárselo o un comercio dispuesto a aceptar una transferencia.

El propio Banco Central de Cuba reconoció en julio las dificultades de la población para acceder al efectivo y las tensiones existentes dentro del sistema financiero. La institución informó que más del 80 % de los salarios y pensiones se pagan actualmente mediante tarjetas bancarias.

La situación resulta especialmente grave para los adultos mayores, muchos de los cuales no poseen teléfonos adecuados, conexión estable a internet o conocimientos suficientes para operar las aplicaciones de pago. La revista oficial Bohemia constató largas filas de personas mayores en sucursales bancarias y reconoció que este grupo constituye uno de los más vulnerables ante la digitalización económica.

Los apagones también afectan directamente el funcionamiento de los cajeros, las sucursales y las plataformas electrónicas. Cuando no hay electricidad o conexión, las operaciones quedan interrumpidas y los clientes pueden permanecer durante horas sin saber cuándo recuperarán el acceso a su dinero.

A esta situación se suman los fallos de Transfermóvil y EnZona. En ocasiones, el mensaje de confirmación tarda en llegar o no aparece, generando discusiones entre compradores y comerciantes que no pueden comprobar inmediatamente si el pago fue completado.

Numerosos negocios prefieren recibir efectivo porque después enfrentan sus propias dificultades para retirar el dinero depositado. Otros comercios rechazan las transferencias o aplican recargos, a pesar de que las regulaciones cubanas establecen que deben ofrecer alternativas electrónicas de pago y prohíben penalizar a los consumidores por utilizarlas.

También se han documentado establecimientos que se niegan a aceptar billetes de cinco, diez o veinte pesos debido a su escaso valor frente a los precios actuales. En junio, una protectora de animales de Mayabeque denunció que un negocio rechazó sus billetes de 20 pesos y tampoco quiso aceptar una transferencia, dejándola sin una forma práctica de pagar.

La paradoja resulta evidente: los ciudadanos reciben billetes de baja denominación cuando logran retirar efectivo, pero algunos comercios no los aceptan. Cuando intentan pagar electrónicamente, pueden encontrarse con otra negativa o con un recargo adicional.

En Granma, las propias autoridades reconocieron en junio que no habían logrado reunir los más de 400 millones de pesos en efectivo necesarios para pagar las pensiones de aproximadamente 111.000 jubilados de la provincia. Como respuesta, centralizaron las autorizaciones para determinadas extracciones y buscaron que comercios cercanos actuaran como centros de pago.

El Banco Central anunció posteriormente nuevas medidas, entre ellas la circulación de billetes de 2.000 y 5.000 pesos, la suspensión del límite de 5.000 pesos para determinados pagos en efectivo y mecanismos para que algunos establecimientos entreguen las jubilaciones a personas de sus comunidades.

Estas decisiones representan un reconocimiento de que la bancarización fue impulsada sin que existieran las condiciones técnicas, energéticas y monetarias necesarias. No basta con obligar a la población a utilizar canales digitales cuando las comunicaciones fallan, los apagones son constantes y una parte considerable de los ciudadanos carece de acceso tecnológico.

La falta de confianza también provoca que muchas personas retiren todo el efectivo posible apenas lo encuentran disponible. El temor de no poder recuperarlo posteriormente hace que el dinero salga del sistema bancario y no regrese, agravando aún más la escasez de billetes en las sucursales y los cajeros.

Para los jubilados, este laberinto financiero es particularmente cruel. Después de trabajar durante décadas, deben hacer largas colas para cobrar pensiones que ya resultan insuficientes frente a la inflación y los elevados precios de los alimentos.

El dinero existe en una pantalla, pero no siempre puede utilizarse en la calle. Esa es la contradicción de un sistema que prometía facilitar la vida de los cubanos y terminó añadiendo nuevas barreras para comprar comida, pagar un transporte o adquirir medicamentos.

La bancarización no puede considerarse exitosa mientras los ciudadanos no tengan libertad para elegir cómo utilizar sus propios fondos. Modernizar los pagos debería significar más comodidad y seguridad, no convertir cada extracción o transferencia en una nueva batalla cotidiana.

¿Cuál ha sido el mayor problema que te ha causado la bancarización en Cuba: retirar efectivo, pagar mediante transferencia o simplemente acceder a tu propio dinero? Cuéntanos desde qué provincia o municipio nos lees.

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