La medida llega después de que el Ministerio de Finanzas y Precios anunciara el fin del esquema de precio único y fijo para los combustibles vendidos en divisas. A partir de ahora, las tarifas podrán variar según el costo real de importación, el proveedor, los fletes, la ruta de suministro, los seguros y las fluctuaciones del mercado internacional.
Según el listado difundido por Directorio Cubano, CIMEX estableció la gasolina Especial B100 en 2.50 dólares por litro para la venta mayorista y 2.60 dólares por litro para la venta minorista. Es decir, el combustible de mayor octanaje queda fuera del alcance real de una población que cobra en pesos devaluados y vive cada vez más atrapada en una economía dolarizada.
La gasolina Especial B94 quedó fijada en 1.90 dólares por litro en el mercado mayorista y 2.00 dólares por litro en la venta minorista. La Regular B90 se venderá a 1.80 dólares por litro para mayoristas y a 1.90 dólares por litro para consumidores finales.
La gasolina Motor B83 aparece como la más baja dentro del listado, pero aun así resulta asfixiante para el cubano común: 1.70 dólares por litro en precio mayorista y 1.80 dólares por litro en precio minorista. En un país donde el salario estatal sigue pulverizado por la inflación, hablar de “precio bajo” en dólares es casi una burla.
El diésel tampoco escapa al nuevo tarifazo. CIMEX fijó el diésel Especial en 2.10 dólares por litro para la venta mayorista y 2.20 dólares por litro para la venta minorista. El diésel Regular quedó en 1.90 dólares por litro para mayoristas y 2.00 dólares por litro para la venta al consumidor.
La decisión del régimen no puede verse como una simple actualización técnica. Es otra señal de un Estado que ya no puede sostener ni siquiera los precios que él mismo impuso, y que termina trasladando su fracaso económico a la población, obligando al ciudadano a pagar en una moneda que no recibe como salario.
El Ministerio de Finanzas y Precios reconoció que el precio fijo “no se puede sostener económicamente” en las condiciones actuales del país. Esa frase, presentada como explicación administrativa, es en realidad una confesión del colapso: el modelo que prometió igualdad, estabilidad y protección social termina entregando incertidumbre, dolarización y abandono.
El nuevo esquema abre la puerta a que existan diferentes precios minoristas en las estaciones de servicio del país. En otras palabras, el cubano no solo tendrá que lidiar con la escasez, las colas y la falta de transporte, sino también con un sistema de precios variables que puede cambiar según condiciones que el propio consumidor no controla.
La medida llega en medio de una crisis energética profunda, marcada por apagones prolongados, déficit de generación eléctrica, falta de combustible y una dolarización parcial cada vez más agresiva en sectores esenciales de la economía.
El golpe es todavía más brutal cuando se mira desde la realidad de la calle. ElTOQUE reportaba este 15 de mayo un dólar en el mercado informal alrededor de 546 pesos cubanos. Con esa referencia, un litro de gasolina B100 a 2.60 dólares equivale aproximadamente a más de 1,400 pesos cubanos por litro, una cifra obscena para millones de familias que apenas sobreviven.
CiberCuba también señaló que, en medio de la escasez, el litro de gasolina en el mercado informal llegó a rondar los 6,000 pesos en mayo, reflejo de un país donde el mercado negro crece porque el Estado no puede garantizar abastecimiento regular ni precios razonables.
El régimen cubano vuelve a presentar la crisis como si fuera consecuencia inevitable de factores externos, pero el problema de fondo es mucho más profundo: décadas de centralización, improductividad, control estatal, corrupción, privilegios militares y persecución a la iniciativa privada real han destruido la capacidad del país para sostenerse.
Mientras la élite del poder conserva acceso a recursos, combustible, vehículos y privilegios, el ciudadano común queda atrapado entre apagones, transporte paralizado, precios en dólares y salarios en pesos. Esa es la verdadera desigualdad que el discurso oficial intenta esconder.
Este nuevo tarifazo confirma que la dolarización en Cuba no es una solución, sino una forma de exclusión. Quien tiene dólares se mueve, compra y sobrevive mejor; quien depende del salario nacional queda cada vez más marginado en su propio país.
CIMEX fija precios, el Ministerio justifica el ajuste y el régimen culpa al entorno internacional, pero el resultado final lo paga el pueblo. Lo pagan los trabajadores que no pueden transportarse, los campesinos que necesitan mover alimentos, los choferes que deben comprar combustible, y las familias que ven cómo todo sube menos la esperanza.
Cuba no enfrenta solamente una crisis de combustible. Enfrenta el agotamiento de un sistema que ya no puede garantizar electricidad, comida, transporte ni futuro. Y cada nuevo precio en dólares es otra prueba de que el régimen no está protegiendo al pueblo: está administrando la ruina que él mismo construyó.