La medida representa uno de los cambios más profundos de la política exterior colombiana de los últimos años y marca una ruptura directa con la estrategia seguida por el Gobierno saliente de Gustavo Petro, que había mantenido una relación cercana con ambos gobiernos.
De la Espriella comunicó la decisión durante una transmisión difundida en sus redes sociales el domingo 26 de julio. Al explicar la reorganización diplomática que prepara su Administración, hizo una excepción específica con Cuba y Nicaragua.
“En mi Gobierno no habrá vínculo alguno con tiranías”, declaró el mandatario electo, dejando claro que el cierre de las representaciones en esos dos países no será únicamente una medida administrativa o económica, sino una ruptura completa de las relaciones diplomáticas.
La decisión todavía no se ha materializado, debido a que De la Espriella no ha asumido formalmente la Presidencia. Será después del 7 de agosto cuando el nuevo Ejecutivo pueda ordenar el retiro de sus diplomáticos y comenzar los procedimientos correspondientes para cerrar las embajadas.
El anuncio forma parte de una reorganización más amplia del servicio exterior colombiano. El próximo Gobierno pretende cerrar 14 embajadas y cerca de 15 consulados, bajo el argumento de reducir gastos, eliminar estructuras burocráticas y concentrar los recursos diplomáticos en países considerados estratégicos.
Además de Cuba y Nicaragua, la lista de embajadas que dejarían de funcionar incluye las representaciones de Colombia en Argelia, Azerbaiyán, Barbados, Chequia, Etiopía, Ghana, Haití, Hungría, Malasia, Rumanía, Senegal y Sudáfrica.
Sin embargo, con esos otros países Colombia mantendrá relaciones mediante embajadas concurrentes ubicadas en naciones cercanas. En el caso de La Habana y Managua no habrá ese mecanismo de continuidad, según explicó el presidente electo.
De la Espriella justificó la reducción general afirmando que Colombia necesita una diplomacia moderna, eficiente y orientada a producir resultados concretos. También señaló que su Gobierno revisará las demás representaciones internacionales durante sus primeros 100 días.
El próximo mandatario aseguró que los recursos ahorrados mediante el cierre de oficinas diplomáticas podrían destinarse a seguridad, salud, educación, infraestructura y oportunidades para los sectores más pobres del país.
La ruptura con Cuba representa un giro radical frente a la política seguida por Gustavo Petro. La Administración saliente defendió la cooperación con La Habana y destacó el papel desempeñado por el Gobierno cubano como garante de las negociaciones de paz con las antiguas FARC, que culminaron con el acuerdo firmado en 2016.
Funcionarios del Gobierno saliente criticaron la decisión. El viceministro de Asuntos Multilaterales, Mauricio Jaramillo Jassir, la calificó de demagógica y sostuvo que no existe una base técnica que justifique los cierres, además de advertir sobre posibles consecuencias para los colombianos que necesiten asistencia consular.
El régimen cubano también reaccionó al anuncio y calificó la futura ruptura como una “acción hostil e infundada”. El Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba afirmó que la decisión se aparta de las relaciones históricas entre ambas naciones y acusó al próximo Gobierno colombiano de actuar subordinado a la política de Estados Unidos.
La Cancillería cubana defendió los acuerdos comerciales, académicos y de cooperación existentes entre los dos países. También aseguró que mantendrá sus compromisos con los jóvenes colombianos que estudian Medicina en Cuba mediante programas relacionados con los acuerdos de paz.
Para sectores de la oposición cubana y nicaragüense, en cambio, el pronunciamiento representa una señal política contra dos gobiernos señalados durante años por la persecución de opositores, la falta de elecciones libres y las restricciones a las libertades fundamentales.
El anuncio también confirma que la llegada de De la Espriella al poder producirá una transformación de las alianzas internacionales de Colombia. Su Gobierno planea reabrir la embajada colombiana en Israel, cancelar el proyecto de una misión en Palestina y reforzar las relaciones diplomáticas y comerciales con gobiernos ideológicamente más cercanos.
A partir del 7 de agosto, Colombia pasará de mantener una relación diplomática directa con La Habana a convertirse en uno de los países latinoamericanos que marca distancia abiertamente del régimen cubano. La frase del presidente electo resume la nueva doctrina que promete aplicar desde la Casa de Nariño: para su Administración, la reducción de embajadas será económica en algunos países, pero con Cuba y Nicaragua será también política.
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