En el material, la muchacha cuestiona que el régimen hable ahora de cambios estructurales, aperturas económicas e incentivos a la inversión después de 67 años de control absoluto sobre la economía cubana.
Según expresa, estas medidas no llegan por voluntad real de transformar el país ni por respeto al pueblo, sino por puro desespero ante el deterioro económico, el aumento del descontento social y el cierre cada vez mayor del cerco internacional contra la dictadura.
La joven critica que, durante décadas, el régimen llamó “gusanos” a los cubanos que se fueron al exilio buscando libertad y oportunidades. Sin embargo, ahora, ante la falta de dinero, recursos e inversión, pretende atraer a esos mismos cubanos para que pongan capital en la isla.
Para la cubana, el mensaje del gobierno es contradictorio: después de expulsar, insultar y perseguir a quienes pensaban diferente, ahora intenta presentarse como abierto a la participación económica de los cubanos residentes en el exterior.
En su denuncia, advierte que invertir en Cuba bajo las reglas actuales significa poner dinero en un sistema donde no existen verdaderas garantías jurídicas, donde el Estado mantiene el control político y donde muchos inversionistas, tanto extranjeros como cubanos, han terminado afectados por cambios de reglas, trabas burocráticas o decisiones arbitrarias.
La reacción de la joven refleja la desconfianza de una parte importante del exilio y de muchos cubanos dentro de la isla. Para ellos, las nuevas medidas no representan una apertura real, sino una maniobra de supervivencia de un régimen que busca oxígeno económico sin renunciar al control político.
El anuncio de reformas ocurre en un momento crítico para Cuba, marcado por apagones, escasez de combustible, falta de alimentos, inflación, deterioro de los servicios públicos y una migración masiva. Mientras tanto, el gobierno insiste en hablar de ajustes, descentralización y nuevos actores económicos, pero sin permitir libertades políticas ni desmontar el monopolio del Partido Comunista.
La cubana sostiene que el problema de Cuba no se resuelve con pequeñas aperturas controladas, sino con libertad real, seguridad para invertir, respeto a la propiedad privada, justicia independiente y derechos para todos los ciudadanos.
El video ha sido compartido como una respuesta directa al discurso oficial. Para muchos, resume una pregunta clave: ¿por qué el régimen quiere ahora el dinero de los cubanos que durante décadas despreciaron, censuraron y obligaron a irse?
Después de 67 años destruyendo la economía, persiguiendo al que prospera y llamando enemigos a los cubanos libres, el régimen pretende vender una falsa apertura. Pero sin libertad, sin garantías y sin derechos, cualquier reforma nace marcada por la desconfianza.
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