En el video, la médica expresa su indignación porque, según denuncia, debe comprar hojas de cargo y bolígrafos para realizar sus labores en un policlínico. La frase que más ha impactado a los cubanos es directa y contundente: “Yo no voy a seguir pagando por trabajar en este país”.
La doctora aclara que su postura no responde a un acto de rebeldía, sino de coherencia. “No es rebeldía, es simplemente coherencia”, afirma, al explicar que resulta inaceptable que un profesional tenga que financiar los recursos mínimos que debería garantizar el propio sistema de salud.
Su denuncia ha provocado miles de reacciones dentro y fuera de Cuba, especialmente entre trabajadores del sector sanitario que aseguran vivir situaciones similares. Muchos médicos, enfermeros y técnicos deben enfrentar jornadas agotadoras, salarios insuficientes, falta de insumos, apagones, carencias en los centros médicos y presión constante para sostener un sistema que ya no les garantiza ni las condiciones elementales de trabajo.
“¿En qué país del mundo se paga por trabajar?”, cuestiona la doctora en el video, una pregunta que resume el cansancio de quienes han dedicado años a atender pacientes en medio de una crisis cada vez más profunda.
El caso expone una contradicción dolorosa: mientras el gobierno cubano continúa presentando la Salud Pública como una de sus principales banderas propagandísticas, muchos profesionales denuncian que trabajan sin recursos, sin respaldo material y con salarios que no alcanzan para cubrir sus necesidades más básicas.
La crisis sanitaria en Cuba no solo afecta a los pacientes. También golpea a quienes intentan atenderlos. La falta de medicamentos, equipos, materiales de oficina, transporte, alimentos y electricidad ha convertido el trabajo médico en una carga cada vez más difícil de sostener.
La doctora no pide privilegios ni lujos. Reclama algo básico: poder trabajar sin tener que pagar de su bolsillo los materiales que necesita para cumplir con su labor. Su testimonio se ha convertido en símbolo del agotamiento de una generación de profesionales que ve cómo el sistema les exige sacrificio, pero no les garantiza condiciones dignas.
En un país donde muchos médicos sobreviven con salarios que no alcanzan para alimentar a sus familias, comprar materiales para el policlínico se convierte en una carga absurda e injusta.
El video deja una denuncia clara: la Salud Pública cubana no puede seguir descansando sobre el sacrificio personal de médicos y trabajadores que ya están al límite. Un sistema verdaderamente humano no obliga a sus profesionales a escoger entre comprar comida para su casa o comprar recursos para poder trabajar.
Cuando una doctora tiene que decir “no voy a seguir pagando por trabajar”, no está denunciando un problema menor. Está mostrando el derrumbe de un sistema que exige entrega, pero abandona a quienes lo sostienen.
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