Monreal, conocido por sus análisis críticos sobre la economía cubana, sostuvo que el problema no está únicamente en el diseño técnico de las medidas, sino en el contexto real en que pretenden aplicarse. Sin acceso suficiente a energía, divisas, tecnología, financiamiento externo y mercados internacionales, cualquier reforma administrativa puede quedar sin efecto práctico.

“Sin condiciones externas favorables, incluso reformas técnicas o administrativas de amplio alcance pueden quedar sin efecto real en la economía cubana”, advirtió el economista.

La observación golpea directamente el discurso oficial, que presenta el nuevo paquete de medidas como una salida a la crisis. El régimen ha anunciado cambios en la estructura del Estado, mayor autonomía para empresas estatales y gobiernos locales, apertura a inversión extranjera, participación de cubanos residentes en el exterior, impulso al sector privado y nuevas formas de gestión económica.

Sin embargo, para Monreal, esas medidas parten de una realidad mucho más cerrada que la existente durante el Período Especial de los años 90. En aquel momento, Cuba logró una recuperación parcial gracias a la reinserción internacional, el turismo, las remesas, la inversión extranjera y cierto acceso a crédito externo. Hoy, en cambio, el país enfrenta una situación mucho más adversa.

La economía cubana se encuentra golpeada por apagones prolongados, reducción de importaciones energéticas, falta de divisas, restricciones financieras, sanciones, pérdida de confianza internacional, baja productividad y un peso cubano cada vez más depreciado. En el mercado informal, el dólar llegó esta semana a los 690 pesos cubanos, reflejo del deterioro acelerado de la moneda nacional.

El análisis de Monreal apunta a una conclusión clara: no basta con reorganizar ministerios, cambiar normas, dar más autonomía local o permitir nuevas formas de negocio si el país no tiene combustible, crédito, inversión confiable, tecnología, producción nacional y acceso real a mercados.

Las mipymes y el sector privado, que el régimen ahora intenta presentar como parte de la solución, siguen dependiendo en gran medida de importaciones, divisas y canales comerciales externos. Sin un entorno estable, sin seguridad jurídica plena y sin libertades económicas reales, ese sector difícilmente podrá sustituir la falta de producción nacional.

El economista también marca una diferencia esencial entre una reforma superficial y una transformación profunda. Para que Cuba salga de la crisis no bastan parches administrativos ni aperturas controladas desde el poder. Se necesita un cambio estructural que permita producir, invertir, importar, exportar, contratar, competir y prosperar sin el peso asfixiante del control estatal y político.

El régimen, sin embargo, mantiene intacto el marco del Partido Comunista y evita cualquier apertura democrática. Las reformas se anuncian como económicas, pero no incluyen libertad política, elecciones libres, prensa independiente ni derechos plenos para los ciudadanos.

Por eso, muchos cubanos ven las nuevas medidas con desconfianza. Después de décadas de promesas incumplidas, planes fallidos y experimentos económicos como la Tarea Ordenamiento, la población teme que esta nueva agenda termine siendo otro intento de ganar tiempo, atraer dinero y salvar al sistema sin resolver las causas de fondo del colapso.

La advertencia de Monreal llega en un momento crítico. Cuba vive una crisis energética que deja a provincias enteras con apagones de más de 30 y 40 horas, una inflación que destruye salarios y pensiones, una escasez crónica de alimentos y medicinas, y una creciente desesperación social.

Mientras Díaz-Canel habla de cambios, el país sigue sin producir lo suficiente, sin divisas, sin combustible, sin confianza y sin un modelo económico funcional.

El mensaje de fondo del economista es contundente: las reformas del régimen chocan contra una pared estructural. Sin energía, sin capital, sin tecnología, sin mercados y sin una transformación más profunda, las medidas anunciadas difícilmente podrán cambiar la vida de los cubanos.

Después de 67 años de control estatal, centralización y represión política, Cuba no necesita más consignas ni retoques al mismo modelo. Necesita soluciones reales, producción, libertad económica, seguridad jurídica y cambios de fondo que devuelvan al pueblo la posibilidad de vivir con dignidad.