Según un reportaje de 14ymedio, el establecimiento funciona en la planta baja de un edificio que durante años permaneció como otra ruina comercial de la capital cubana. El local fue renovado parcialmente, decorado con farolillos chinos y estanterías llenas de mercancías importadas, pero el contraste con el deterioro de la calle es brutal: fachadas desconchadas, columnas agrietadas y basura acumulada alrededor del inmueble.

Dentro de la tienda se venden ventiladores, productos de limpieza, artículos de aseo personal, paquetes de arroz, cajas de cerveza china, lámparas, tubos LED, juguetes y objetos plásticos para el hogar. La oferta llama la atención en una ciudad donde cualquier comercio surtido se convierte en noticia, pero la ilusión dura poco cuando los clientes miran las etiquetas.

Aunque el negocio solo acepta efectivo en CUP —sin tarjetas, transferencias ni dólares—, los precios están lejos del bolsillo de la mayoría. Un ventilador de pedestal alcanza los 15,000 pesos cubanos, mientras una balsa inflable rosada con forma de pelícano cuesta 14,000 pesos. Una vecina citada por el medio dijo que iba buscando un ventilador, pero terminó desistiendo porque le pareció demasiado caro para un producto de apariencia frágil.

La escena resume la contradicción diaria del cubano: productos visibles, estantes llenos, mercancía nueva, pero precios imposibles. En un país donde el salario se evapora entre comida, transporte, medicinas y apagones, vender en moneda nacional ya no garantiza acceso real para la población.

El comercio tampoco escapa a los símbolos del deterioro. Mientras la planta baja fue maquillada para recibir clientes, el resto del edificio continúa abandonado, con ventanas desaparecidas y falsos techos desprendidos. Incluso los trabajadores deben enfrentar el calor sin aire acondicionado, usando abanicos para soportar temperaturas superiores a los 30 grados, según el reporte.

Otro detalle llamativo es que el negocio no muestra claramente un nombre nuevo en la fachada. El viejo cartel de TRD Caribe y Casa Mimbre permanece en el lugar, como si el pasado estatal y militarizado de las tiendas cubanas siguiera marcando el edificio. En las bolsas entregadas a los clientes aparece el nombre Ata Supply Chain S.L., una sociedad registrada en Madrid en 2023, aunque no hay información pública que confirme si esa empresa administra la tienda, la abastece o solo figura como marca comercial.

Para muchos habaneros, la apertura no representa una solución, sino otra vitrina de la desigualdad. La tienda puede vender en pesos cubanos, pero sus precios parecen pensados para quienes reciben remesas, manejan negocios privados o tienen acceso a ingresos muy por encima del salario común.

La antigua Casa Mimbre vuelve a tener luces, mercancía y movimiento. Pero para buena parte del pueblo, sigue siendo lo mismo de siempre: mirar, calcular, resignarse y salir con las manos vacías.

En la Cuba de hoy, hasta comprar un ventilador en CUP se ha convertido en un lujo.

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