En un video difundido tras el movimiento telúrico, varios habaneros relatan cómo sintieron el temblor dentro de viviendas, edificios y centros de trabajo. Algunos describen vibraciones en paredes, ventanas y objetos, mientras otros aseguran que por segundos pensaron que se trataba de un derrumbe o una explosión cercana.
“La Habana no resiste otro golpe de esos”, expresó uno de los residentes, reflejando el miedo de muchas familias que viven en inmuebles deteriorados, con grietas, filtraciones, apuntalamientos o estructuras debilitadas por años de abandono.
El sismo, reportado por el Servicio Geológico de Estados Unidos como un evento de magnitud 6.1 con epicentro al noroeste de Cuba, fue sentido en varias zonas del occidente del país. En La Habana, aunque no se habían reportado inicialmente daños mayores ni víctimas, la preocupación se centró rápidamente en la vulnerabilidad de la ciudad.
La capital cubana arrastra una profunda crisis habitacional. Muchos edificios antiguos permanecen habitados pese al riesgo de derrumbe, y miles de familias viven bajo techos en mal estado, paredes agrietadas y escaleras deterioradas. Por eso, incluso un movimiento breve puede convertirse en una amenaza real para quienes ya viven al borde del colapso estructural.
Los testimonios del video muestran una mezcla de susto, incertidumbre y resignación. Para muchos vecinos, el temblor no solo fue un fenómeno natural, sino un recordatorio de lo frágil que está La Habana frente a cualquier emergencia.
“Esto aquí se está cayendo solo”, comentan ciudadanos cada vez que ocurre un derrumbe, una lluvia fuerte o un evento inesperado. El sismo de este lunes volvió a despertar ese temor: que una ciudad marcada por décadas de falta de mantenimiento no esté preparada para resistir un golpe mayor.
Hasta el cierre de esta nota, no se conocían reportes oficiales de víctimas ni de daños estructurales graves en La Habana, pero las autoridades y especialistas deberán continuar evaluando posibles afectaciones y réplicas.
El video deja una imagen clara: los habaneros no solo sintieron la tierra moverse; sintieron también el peso de vivir en una ciudad que muchos consideran abandonada, envejecida y vulnerable.
La frase “La Habana no resiste otro golpe de esos” resume el miedo de un pueblo que enfrenta apagones, escasez, crisis económica y ahora también la incertidumbre de saber si sus viviendas podrían soportar otro evento similar.
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