En la grabación, Mireles cuestiona a personas que participan en actividades públicas relacionadas con Cuba y asegura que algunos no serían cubanos, pese a presentarse o actuar como si representaran la voz del pueblo cubano.

La denuncia ha provocado reacciones entre exiliados y activistas, especialmente porque toca un tema sensible: la utilización del nombre de Cuba en espacios políticos fuera de la isla, mientras millones de cubanos dentro y fuera del país siguen reclamando libertad, democracia y fin de la dictadura.

Según el mensaje difundido, no sería la primera vez que ocurre algo similar. Mireles sostiene que en determinados actos políticos en España aparecen personas que defienden posturas cercanas al régimen cubano o intentan confundir la narrativa pública presentándose como parte de la comunidad cubana.

Hasta el momento, la acusación debe manejarse como una denuncia pública del activista, ya que no existe una verificación independiente que confirme la identidad o nacionalidad de todas las personas señaladas en el video.

Sin embargo, el caso ha abierto nuevamente el debate sobre la presencia de propaganda castrista en Europa y sobre el uso de supuestos simpatizantes o voceros para suavizar la imagen del régimen cubano ante la opinión pública internacional.

Para muchos cubanos en el exilio, el problema no es que cualquier persona opine sobre Cuba, sino que se intente hablar en nombre de los cubanos mientras se minimiza la represión, los presos políticos, los apagones, la falta de alimentos, la censura y la crisis humanitaria que sufre la isla.

La comunidad cubana en España ha sido cada vez más activa en protestas, actos públicos y denuncias contra el régimen. Desde Madrid, Murcia, Palma de Mallorca y otras ciudades, numerosos cubanos han salido a las calles para exigir libertad y visibilizar la situación que vive su pueblo.

En ese contexto, el video de Lázaro Mireles busca advertir sobre posibles maniobras de manipulación política y sobre la necesidad de identificar quiénes hablan realmente desde la experiencia cubana y quiénes podrían estar defendiendo intereses ajenos al sufrimiento del pueblo.

La denuncia también refleja la tensión que existe entre exiliados cubanos y sectores políticos españoles que mantienen simpatía o cercanía con la narrativa del castrismo. Para los activistas, defender al régimen desde una democracia europea es una contradicción moral frente a quienes han sufrido persecución, cárcel, censura o exilio.

Mireles insiste en desenmascarar lo que considera una estrategia de confusión: presentar voces favorables al régimen como si fueran expresión legítima de la mayoría cubana, cuando dentro de la isla miles de personas no pueden hablar libremente sin miedo a represalias.

El mensaje central del video es claro: la causa cubana no puede ser utilizada como herramienta política por quienes no conocen ni padecen la realidad de la dictadura.

Cuba necesita voces libres, no voceros fabricados. Necesita que se escuche a los presos políticos, a las madres que sufren apagones, a los jóvenes que emigran, a los opositores perseguidos y a los ciudadanos que dentro de la isla no pueden decir lo que piensan.

La denuncia de Lázaro Mireles vuelve a poner sobre la mesa una advertencia para la comunidad internacional: no todos los que hablan de Cuba representan al pueblo cubano, y no todo acto político que use la bandera cubana defiende realmente la libertad de la isla.