Los impagos corresponden a productos esenciales como alimentos, vacunas, material sanitario, artículos de higiene y componentes eléctricos, entregados durante años a entidades cubanas en medio de una relación comercial que hoy se ha convertido en una amenaza de quiebra para decenas de negocios españoles.
Según la plataforma que agrupa a las empresas afectadas, buena parte de la deuda procede de cartas de crédito emitidas por bancos cubanos, instrumentos que debían garantizar el cobro a plazo, pero que dejaron de hacerse efectivos debido a la falta de liquidez del régimen.
Los afectados aseguran que no se trata de grandes multinacionales ni cadenas hoteleras, sino de pequeñas, medianas y microempresas que durante años trabajaron con Cuba y ahora enfrentan pérdidas difíciles de asumir. De acuerdo con sus cálculos, un 15% de las compañías perjudicadas ya habría quebrado y entre un 60% y un 70% ha dejado de operar con la isla.
La situación se agrava por las recientes restricciones de Estados Unidos contra negocios vinculados a GAESA, el poderoso conglomerado empresarial controlado por los militares cubanos. Muchas empresas temen que esas medidas compliquen aún más cualquier posibilidad de recuperar el dinero pendiente, especialmente ante la retirada de bancos y compañías extranjeras de operaciones relacionadas con Cuba.
La deuda no solo golpea a los empresarios españoles. También refleja el colapso financiero del régimen cubano, incapaz de pagar productos básicos importados mientras la población dentro de la isla sufre escasez de alimentos, medicinas, combustible, electricidad y servicios esenciales.
Las pymes afectadas reclaman apoyo urgente al Gobierno español y medidas extraordinarias para evitar nuevas quiebras, pérdida de empleos y el cierre definitivo de empresas que quedaron expuestas por haber confiado en operaciones respaldadas por entidades cubanas.
El caso pone en evidencia una contradicción profunda: mientras La Habana continúa pidiendo ayuda internacional y denunciando sanciones externas, numerosas empresas extranjeras aseguran que el propio Estado cubano no paga deudas acumuladas por suministros esenciales destinados al país.
Para los empresarios afectados, el problema no es nuevo. La deuda se arrastra desde hace años, pero la salida de empresas extranjeras, el deterioro de la economía cubana y el endurecimiento de las sanciones han convertido una crisis prolongada en una emergencia.
La plataforma de afectados advierte que, si no se encuentra una solución, muchas compañías podrían desaparecer. Algunas ya han tenido que recortar personal, abandonar operaciones con Cuba o asumir pérdidas que superan su capacidad financiera.
La crisis de impagos vuelve a colocar al régimen cubano bajo presión internacional. No solo por su incapacidad para garantizar condiciones mínimas a su población, sino también por el daño económico causado a proveedores extranjeros que enviaron productos básicos y ahora no logran cobrar.
En medio del colapso económico de Cuba, el caso de las pymes españolas muestra otra cara de la crisis: un país sin liquidez, una estructura estatal incapaz de honrar compromisos y un sistema que arrastra a empresas extranjeras al mismo abismo financiero que sufren millones de cubanos dentro de la isla.
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