Planificadores militares estadounidenses han estudiado durante las últimas semanas varias opciones para una eventual actuación en Cuba, según una investigación publicada por CBS News y posteriormente reproducida por otros medios. La propuesta de mayor alcance mencionada en el reporte sería una operación aeromóvil encabezada por la 101.ª División Aerotransportada.
Las fuentes consultadas hablaron bajo condición de anonimato y recalcaron que estos estudios no significan que el presidente Donald Trump o el Pentágono hayan aprobado una intervención. Se trata, por ahora, de escenarios preliminares elaborados para que el Gobierno disponga de alternativas ante una posible crisis.
A finales de junio, el Departamento de Defensa habría realizado una sesión sobre conceptos operacionales para analizar objetivos, cantidad de tropas necesarias, logística, secuencia de acciones y riesgos. Este tipo de planificación forma parte del trabajo habitual del Pentágono frente a situaciones que podrían afectar la seguridad estadounidense.
Una operación en Cuba enfrentaría importantes dificultades. Estados Unidos mantiene aviones, sistemas de inteligencia y otros recursos militares concentrados en Medio Oriente debido a la reanudación de las operaciones contra Irán, lo que hace improbable un desplazamiento inmediato de fuerzas hacia el Caribe.
La administración Trump continúa señalando que su preferencia sería alcanzar una solución política. El secretario de Estado, Marco Rubio, ha defendido una transición hacia un Gobierno cubano dispuesto a realizar reformas económicas, liberar presos políticos y reducir el control de las Fuerzas Armadas sobre los principales sectores productivos.
Sin embargo, Washington considera que ese proceso se encuentra estancado. Las autoridades estadounidenses acusan a la cúpula cubana de rechazar cambios y mantener el dominio económico mediante GAESA, el conglomerado militar que controla hoteles, comercios, bancos, remesas y otras actividades estratégicas.
La política estadounidense ordenó restringir las transacciones con entidades vinculadas a los servicios militares, de inteligencia y seguridad de Cuba, aunque mantiene excepciones para medicamentos, alimentos, telecomunicaciones, remesas autorizadas y programas de apoyo a la población.
La estrategia forma parte de una campaña de presión intensificada desde el regreso de Trump a la Casa Blanca en 2025. Esta incluye sanciones financieras, restricciones comerciales, medidas contra funcionarios cubanos y acciones destinadas a limitar los ingresos de las estructuras controladas por los militares.
En marzo, el jefe del Comando Sur, general Francis Donovan, declaró ante legisladores que Estados Unidos no estaba ensayando una invasión ni preparándose activamente para ocupar Cuba. No obstante, afirmó que las fuerzas estadounidenses estaban listas para proteger la Embajada en La Habana, defender la base de Guantánamo y responder ante una posible crisis migratoria.
El tono se endureció posteriormente. Durante una visita a Guantánamo en junio, el secretario de Defensa, Pete Hegseth, advirtió a La Habana contra la adquisición de armamento capaz de alcanzar la base o territorio estadounidense y señaló que el Pentágono proporcionaría al presidente todas las opciones necesarias.
El Departamento de Defensa no ha confirmado públicamente los detalles del supuesto plan de asalto. Su portavoz interino respondió que el Pentágono no comenta operaciones militares hipotéticas, por lo que la información continúa basada principalmente en testimonios anónimos recopilados por CBS News.
El Gobierno cubano ha denunciado las declaraciones y movimientos estadounidenses como amenazas peligrosas. El canciller Bruno Rodríguez sostiene que una intervención violaría el derecho internacional, mientras Miguel Díaz-Canel afirma que Cuba respondería ante cualquier agresión y no aceptaría una rendición.
La posible escalada ocurre en medio de una profunda crisis interna marcada por apagones, falta de combustible, escasez de alimentos, inflación y protestas ciudadanas. Una operación militar podría agravar la situación humanitaria, provocar numerosas víctimas y generar una nueva ola migratoria hacia Estados Unidos y otros países del Caribe.
Por el momento, no existen pruebas de que una intervención sea inminente. Lo confirmado es que Washington ha endurecido su política, mantiene abiertas las opciones militares y busca aumentar la presión sobre la cúpula gobernante. El futuro dependerá de las decisiones de ambas partes, del avance de los conflictos internacionales y de la posibilidad de alcanzar una salida política que coloque los derechos y la libertad del pueblo cubano por encima de los intereses de sus dirigentes.
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