Entre los rescatados había ancianos, una mujer embarazada y al menos 10 niños menores de 10 años, algunos de ellos con problemas respiratorios, según informaron las autoridades brasileñas.
El dato más estremecedor del operativo fue el estado en que se encontraban varios de los migrantes: algunos declararon a la policía que llevaban tres días sin comer, mientras eran trasladados en condiciones precarias por una ruta utilizada por redes de tráfico humano.
La operación terminó con la detención de dos presuntos “coyotes”, acusados de promover la inmigración ilegal con fines de lucro. Un tercer sospechoso logró escapar.
Según la investigación, los cubanos seguían una ruta clandestina que comenzaba en Cuba, pasaba por Georgetown y Lethem, en Guyana, y utilizaba el estado brasileño de Roraima como puerta de entrada al país. Desde allí, algunos pretendían llegar a Curitiba, en el estado de Paraná, mientras otros tenían como destino final Uruguay.
Parte de los migrantes declaró haber pagado hasta 2,800 dólares a las redes de tráfico para facilitar su salida de Cuba y su traslado por Sudamérica. Otros habrían pagado alrededor de 300 dólares solo por el cruce desde Lethem, en Guyana, hacia territorio brasileño.
La PRF señaló que Boa Vista, capital de Roraima, funciona muchas veces como punto de paso para migrantes cubanos que no buscan quedarse en esa ciudad, sino continuar hacia otros estados brasileños o hacia países del sur del continente.
Este rescate formó parte de una jornada mayor de operaciones en Roraima. Reportes posteriores indican que ese mismo lunes las autoridades brasileñas rescataron a 108 cubanos en total durante tres abordajes distintos en la BR-401, lo que fue considerado el mayor rescate de migrantes cubanos registrado en un solo día por la PRF en ese estado.
Las autoridades también informaron que, entre 2024 y 2026, han rescatado a 189 migrantes transportados ilegalmente en carreteras federales de Roraima, sin contar los últimos casos de esta semana. Cerca del 91% de esas personas eran ciudadanos cubanos.
El caso vuelve a exponer el drama del éxodo cubano. Familias enteras, incluyendo niños, embarazadas y ancianos, están tomando rutas peligrosas por América Latina para escapar de la crisis económica, social y política de la isla.
La falta de alimentos, medicamentos, electricidad, salarios dignos y oportunidades ha empujado a miles de cubanos a ponerse en manos de redes criminales que cobran grandes sumas de dinero y los trasladan en condiciones de extrema vulnerabilidad.
Para muchos, el viaje representa una apuesta desesperada por sobrevivir. Pero el rescate en Roraima demuestra el alto costo humano de esa ruta: hambre, enfermedades, hacinamiento, miedo, explotación y riesgo permanente de caer en manos de traficantes.
Mientras el régimen cubano insiste en negar la magnitud de la crisis migratoria, los hechos en Brasil muestran otra realidad: cubanos huyendo en masa, niños pasando hambre en carreteras extranjeras y familias enteras arriesgándolo todo porque ya no ven futuro dentro de su propio país.
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