Durante su intervención en el III Foro Diario de Cuba 2026, celebrado en Madrid bajo el título “Para la Cuba de mañana”, la líder de Cuba Decide advirtió que el país atraviesa un momento crucial y que la oposición democrática no puede limitarse a denunciar al régimen, sino que debe prepararse para ofrecer una alternativa real al pueblo cubano.

Payá defendió la necesidad de articular un plan mínimo de acción ante una posible fractura del poder en la isla. Según su planteamiento, las fuerzas democráticas deben estar listas para actuar con responsabilidad si se abre una oportunidad de transición, evitando el vacío político, el caos o el secuestro del cambio por sectores vinculados al propio régimen.

La activista insistió en que el deseo de cambio dentro de Cuba es evidente. Millones de cubanos viven entre apagones, escasez, falta de medicinas, salarios miserables, represión y ausencia total de libertades políticas. Para Payá, esa realidad confirma que el país no necesita simples reformas cosméticas, sino una transformación profunda hacia un sistema democrático, plural y respetuoso de los derechos humanos.

El llamado también estuvo vinculado al Acuerdo de Liberación, una hoja de ruta promovida por organizaciones opositoras que busca preparar el camino hacia una Cuba libre. El documento propone fases como la liberación, la estabilización, la reconstrucción y la democratización del país, con prioridades como la excarcelación de presos políticos, la atención a la emergencia humanitaria, la recuperación institucional y la celebración de elecciones libres.

Payá subrayó además la importancia de la presión internacional como factor clave para debilitar al régimen y acompañar al pueblo cubano en su reclamo de libertad. A su juicio, no puede haber una transición verdadera si la familia Castro, el grupo de generales y las estructuras represivas que han sostenido el sistema durante más de seis décadas continúan controlando el poder.

Su mensaje apunta a una realidad que el régimen intenta ocultar: Cuba no enfrenta solo una crisis económica, sino una crisis de legitimidad. El Partido Comunista ha perdido la confianza de una sociedad agotada por la pobreza, la censura y la falta de futuro. Mientras la propaganda oficial insiste en culpar a factores externos, cada vez más cubanos señalan directamente al sistema como responsable del desastre nacional.

La intervención de Rosa María Payá también busca enviar una señal al exilio y a la oposición interna: la libertad de Cuba no puede depender de improvisaciones. La transición debe pensarse antes de que llegue el momento decisivo, con propuestas claras, liderazgo responsable, garantías jurídicas y una visión de país que incluya a todos los cubanos dispuestos a reconstruir la nación.

El reto no es menor. La oposición cubana ha enfrentado durante décadas represión, infiltración, exilio forzado y divisiones. Pero el deterioro acelerado del país obliga a superar diferencias y construir una plataforma común que responda a las necesidades urgentes del pueblo.

Cuba necesita libertad, pero también necesita orden democrático, justicia, instituciones, seguridad jurídica y una salida que impida que otra cúpula autoritaria sustituya a la actual. Ese fue el centro del llamado de Payá: organizarse antes de que la historia pase por encima.

En un momento en que la isla vive una catástrofe humanitaria y moral, la propuesta de preparar la transición coloca sobre la mesa una pregunta decisiva: quiénes estarán listos para acompañar al pueblo cubano cuando llegue la hora del cambio.

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