“Para que se produzca una transición en Cuba deben irse los Castro, Díaz-Canel y los generales”, sentenció Payá, al advertir que el país no necesita un cambio cosmético ni una maniobra de continuidad presentada como apertura.

La líder de Cuba Decide ha insistido en que la salida de la crisis cubana no pasa únicamente por reformas económicas parciales, sino por un cambio total del sistema político, con garantías democráticas, liberación de presos políticos, respeto a los derechos humanos y elecciones libres.

Payá rechazó la posibilidad de que la transición sea dirigida por los mismos responsables del colapso nacional. A su juicio, quienes han mantenido el poder durante décadas, controlado las instituciones, reprimido al pueblo y bloqueado las libertades fundamentales no pueden presentarse ahora como garantes de una salida democrática.

Sin embargo, la opositora también reconoció que, una vez iniciado un proceso real de transición, será necesario trabajar con sectores técnicos y administrativos que permanezcan dentro de Cuba. Se trata de funcionarios, profesionales y tecnócratas que no forman parte de la cúpula represiva, pero que conocen el funcionamiento del Estado y podrían ser útiles para evitar el caos institucional.

Ese punto marca una diferencia importante: Payá no plantea destruir toda la estructura administrativa del país de un día para otro, sino separar claramente a los responsables políticos y militares de la dictadura de aquellos trabajadores técnicos que podrían contribuir a reconstruir la nación bajo nuevas reglas democráticas.

En otras palabras, para la oposición democrática cubana, la transición no debe ser una negociación para salvar a los jefes del régimen, sino un proceso para devolver el poder al pueblo y reconstruir las instituciones desde la legalidad, la justicia y la libertad.

Las declaraciones de Payá llegan en un momento de extrema tensión para Cuba. La isla enfrenta apagones prolongados, escasez de alimentos, deterioro sanitario, crisis migratoria, represión política y un creciente aislamiento internacional. Al mismo tiempo, aumentan las presiones externas sobre La Habana y crece el debate sobre una posible transición.

Para Payá, el peligro principal es que el régimen intente fabricar una salida controlada, donde cambien algunos rostros, se anuncien reformas económicas y se mantenga intacto el poder real de los Castro, los militares y el Partido Comunista.

La activista ha advertido que los cubanos no deben aceptar un “cambio fraude”. La transición, sostiene, debe conducir a elecciones libres, pluralismo político, libertad de expresión, independencia judicial y participación directa de los ciudadanos dentro y fuera de la isla.

El mensaje de Rosa María Payá apunta directamente al núcleo del poder cubano: no puede haber democracia con los mismos que han gobernado sin permitir al pueblo elegir libremente. La salida de los Castro, Díaz-Canel y los generales sería, según su postura, el primer paso indispensable para abrir el camino hacia una Cuba libre.

Al mismo tiempo, su referencia a los tecnócratas deja claro que el futuro del país necesitará experiencia, organización y capacidad administrativa. Pero esa participación solo tendría sentido dentro de un nuevo marco político, sin represión, sin partido único y sin militares controlando la economía nacional.

La propuesta plantea una transición con justicia, pero también con responsabilidad institucional: sacar del poder a quienes han destruido la nación y trabajar con quienes puedan ayudar a levantarla sin representar la continuidad de la dictadura.