Antes de las protestas del 11J, Mailín era ama de casa. Su esposo trabajaba como herrero, soldador y albañil para sostener el hogar y llevar el plato de comida a la mesa. Pero desde el arresto de Yosvany, la vida de la familia cambió por completo.

En una entrevista reciente, Mailín describe años de angustia, asedio y desgaste emocional. Su esposo permanece encarcelado por manifestarse el 11 de julio de 2021, mientras ella intenta criar sola a sus tres hijos en medio de la profunda crisis económica, alimentaria y social que golpea a Cuba.

“Son malvados”, expresa Mailín al referirse al trato que, según denuncia, ha recibido su esposo dentro del sistema penitenciario y al sufrimiento que ha tenido que soportar la familia durante estos años.

La esposa del preso político denuncia llamadas telefónicas que no llegan, visitas truncadas, noticias de abusos, presiones constantes de la Seguridad del Estado y un agotamiento físico extremo para poder llevarle una jaba de alimentos a Yosvany en prisión.

Cada visita, cada gestión y cada intento de comunicación se convierten en una prueba de resistencia. Para Mailín, no se trata solo de enfrentar la ausencia de su esposo, sino también de cargar con la responsabilidad de mantener a sus hijos, protegerlos emocionalmente y sobrevivir en un país donde la escasez golpea con más fuerza a las familias de los presos políticos.

El caso de Yosvany García refleja una realidad que el régimen cubano intenta ocultar: por cada preso político hay una familia castigada. No solo encarcelan al manifestante; también condenan a sus hijos, a sus esposas, a sus madres y a todos los que dependen de él.

Mailín no habla desde la política, sino desde el dolor de una madre y esposa que ha visto cómo su familia fue separada por exigir libertad. Su testimonio expone la crueldad de un sistema que no se conforma con encerrar a quienes protestaron, sino que también busca quebrar moralmente a sus seres queridos.

La historia de esta familia es una de muchas dentro de Cuba. Detrás de cada nombre en la lista de presos políticos hay hogares marcados por la tristeza, niños que preguntan por sus padres, madres que envejecen esperando justicia y esposas que deben convertirse en sostén de todo mientras enfrentan vigilancia, amenazas y miseria.

El testimonio de Mailín Rodríguez Sánchez es un llamado a no olvidar a los presos del 11J ni a sus familias. También es una denuncia contra un régimen que castiga la libertad de expresión, criminaliza la protesta y mantiene tras las rejas a cubanos cuyo único “delito” fue salir a pedir un país mejor.

Mientras Yosvany continúa encarcelado, su esposa sigue exigiendo respeto a su vida, a su integridad y a sus derechos. Su voz representa a muchas familias cubanas que, desde el silencio impuesto por el miedo, siguen esperando justicia.