Según reportó Diario de Cuba, la joven afirmó que los oficiales intentaron manipularla con un “guion amistoso”, mostrándose supuestamente preocupados por ella, mientras le proponían dejar a un lado sus ideas y sus videos críticos a cambio de impulsar su carrera musical.

Benítez relató que uno de los interrogadores le advirtió que se estaba metiendo “en un lío” y que le convenía irse del país. La joven respondió con firmeza: “¿Por qué me tengo que ir yo? Váyanse ustedes”, una frase que resume el desafío de una generación cansada de que el régimen pretenda expulsar o silenciar a quienes piensan diferente.

La denuncia toma mayor gravedad porque, según su testimonio, también recibió amenazas directas de prisión. Benítez aseguró que los agentes le dijeron que estaba a punto de “caer presa” y que, si eso ocurría, “la gente se iba a olvidar” de ella.

La creadora de contenidos también denunció que la represión se ha extendido contra su familia. Afirmó que su madre ha sufrido presiones durante las últimas semanas y que las autoridades han lanzado advertencias sobre el sufrimiento que podría enfrentar si ella continúa hablando públicamente.

El caso resulta aún más alarmante porque ocurre después de que la Fiscalía Provincial de La Habana dispusiera el archivo definitivo de la causa abierta contra Benítez y su madre, Caridad Silvente, por un presunto delito relacionado con la difusión de imágenes en redes sociales. Con esa decisión quedaron sin efecto la reclusión domiciliaria y la restricción migratoria que pesaban sobre ambas desde marzo, según el reporte citado por Diario de Cuba.

Aun así, Benítez sostiene que el hostigamiento no terminó. Por el contrario, asegura que continúa bajo vigilancia y que el régimen mantiene presión sobre ella y sobre quienes se le acercan. “Ya esto es personal conmigo y con mi familia”, denunció.

Su frase más contundente fue directa: “No me voy a callar”. La joven aseguró que seguirá comunicando públicamente cualquier nueva acción en su contra, dejando claro que no aceptará el silencio impuesto como condición para vivir dentro de Cuba.

El caso de Anna Sofía Benítez vuelve a mostrar el rostro cotidiano de la represión en Cuba: interrogatorios, amenazas, vigilancia, presión familiar y el intento permanente de obligar a los ciudadanos críticos a escoger entre callarse, colaborar o marcharse del país.

El régimen cubano no solo persigue a políticos opositores o activistas organizados. También presiona a jóvenes, creadores de contenido, artistas y ciudadanos comunes que usan un teléfono para mostrar la realidad de la isla.

En una Cuba marcada por apagones, hambre, falta de libertades y censura, las redes sociales se han convertido en una de las pocas ventanas para denunciar lo que ocurre. Por eso el poder las teme tanto. Cada video, cada testimonio y cada denuncia rompe el cerco de propaganda construido durante décadas.

Anna Sofía Benítez insiste en que expresar su pensamiento político y hablar de su realidad en Cuba no es delito. Esa afirmación debería ser obvia en cualquier país libre, pero en la isla se ha convertido en un acto de valentía.

La presión contra ella y su familia confirma que el régimen no busca solamente castigar una publicación. Busca enviar un mensaje de miedo a todos los jóvenes que se atreven a grabar, opinar y denunciar.

Desde La Habana Times, agradecemos a Diario de Cuba por permitirnos usar y referenciar su material informativo en esta cobertura. Crédito informativo principal: Diario de Cuba / DDC.

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