El turismo cubano vuelve a mostrar señales de asfixia. Empresas hoteleras han comenzado a promover descuentos y ofertas especiales para atraer visitantes, mientras las cifras oficiales reflejan un golpe severo: entre enero y marzo de 2026 llegaron 298,057 visitantes extranjeros, un 48% menos que en el mismo período de 2025. La escasez de combustible, la baja demanda y la crisis general del país siguen afectando vuelos, ocupación hotelera y rentabilidad.

El problema de fondo no es solo turístico; es estructural. Ningún destino puede competir si el Estado controla demasiado, la infraestructura se cae y el visitante teme quedar atrapado entre apagones y servicios inestables. Cuba necesita propiedad privada real, seguridad jurídica, inversión libre y un mercado turístico que sirva al trabajador cubano, no solamente a empresas conectadas al poder.