El mensaje compara esa actitud con una traición moral al dolor del pueblo cubano, que día tras día enfrenta apagones, hambre, falta de agua, escasez de medicinas y represión, mientras muchos ciudadanos arriesgan su libertad saliendo a tocar calderos para exigir una vida digna.

La denuncia señala que resulta indignante ver a personas que salieron del país, escapando del desastre provocado por el comunismo, reunirse luego en naciones democráticas para justificar o alabar a quienes han hundido a Cuba durante más de seis décadas.

Para muchos cubanos, esa conducta representa una burla al sufrimiento de sus propios paisanos. Mientras en la isla hay familias que no tienen qué comer, madres que no encuentran leche para sus hijos, ancianos sin medicamentos y barrios enteros apagados durante horas, algunos defensores del régimen se presentan en el exterior como voceros de una realidad que no padecen.

El texto denuncia que esas personas disfrutan las libertades de países democráticos mientras defienden un sistema que dentro de Cuba niega esas mismas libertades al pueblo. Pueden expresarse, reunirse, viajar, trabajar y vivir con derechos en el extranjero, pero respaldan a un régimen que reprime a quienes protestan en la isla.

La crítica también recuerda las carencias que han marcado a generaciones de cubanos: alimentación deficiente, productos sustitutos de baja calidad, agua contaminada en muchas comunidades, enfermedades asociadas a malas condiciones sanitarias y una vida cotidiana marcada por la escasez.

Para quienes comparten la denuncia, no hay mayor contradicción que defender desde un país libre a los responsables de la miseria que obligó a millones de cubanos a emigrar.

En Cuba, los cacerolazos se han convertido en una forma de protesta ciudadana frente a los apagones y la crisis. Son expresiones de cansancio, rabia y desesperación de un pueblo que no pide lujos, sino electricidad, comida, agua, medicinas, libertad y dignidad.

Pero mientras algunos cubanos se exponen a detenciones, vigilancia y represalias por reclamar derechos básicos, otros aparecen en actos políticos defendiendo lo indefendible y repitiendo la propaganda oficial desde la comodidad del exilio.

La denuncia califica esa actitud como una vergüenza moral. No se trata de diferencias ideológicas normales, sino de apoyar a una dictadura que mantiene presos políticos, censura a la prensa independiente, persigue activistas y castiga a quienes se atreven a protestar.

El mensaje también apunta contra el adoctrinamiento que durante décadas impuso el castrismo. Según la denuncia, el régimen no solo destruyó la economía, sino que formó una cultura de servilismo político donde algunos terminan justificando a sus propios verdugos.

Para muchos cubanos, la lealtad al régimen no nace de la verdad ni de la justicia, sino de privilegios, miedo, conveniencia o beneficios personales. Mientras el pueblo hace colas, pasa hambre y duerme sin corriente, los defensores del poder repiten consignas para proteger un sistema que ya no puede ocultar su fracaso.

El reclamo central es claro: no se puede hablar en nombre del pueblo cubano mientras se ignora su sufrimiento. No se puede defender al régimen desde Madrid, Miami, México o cualquier país libre mientras dentro de Cuba se encarcela, se reprime y se condena a la miseria a quienes piensan diferente.

La denuncia vuelve a poner sobre la mesa una verdad dolorosa: la dictadura no se sostiene solo por sus dirigentes, sino también por quienes la justifican, la aplauden y la maquillan desde fuera.

Cuba necesita voces libres, no defensores de la opresión. Necesita solidaridad real con el pueblo, no propaganda para salvar la imagen de quienes han destruido la nación.

Mientras los cubanos sigan saliendo a tocar calderos para exigir una vida digna, cada acto de apoyo al régimen será visto por muchos como una burla al dolor nacional.

La patria no se defiende alabando a quienes la han empobrecido. La patria se defiende del lado del pueblo, de los presos políticos, de las madres sin comida, de los jóvenes sin futuro y de todos los cubanos que siguen reclamando libertad.