Su esposa denunció que el opositor, condenado a 15 años de prisión por participar en las protestas antigubernamentales de julio de 2021, se encuentra aislado, sin televisión ni radio, y con restricciones para comunicarse.
Aquí no hay matices posibles: un Estado que encarcela manifestantes pacíficos y los incomunica revela miedo, no fortaleza. La libertad de expresión, la protesta y la organización cívica son derechos naturales, no concesiones del Partido. Cualquier negociación internacional con La Habana debe poner a los presos políticos en el primer punto de la agenda.
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