La activista Yamilka Mora habría sido detenida en Holguín por realizar publicaciones críticas en Facebook contra el régimen, según denunció un familiar que contactó directamente para alertar sobre su situación.

De acuerdo con esa denuncia, las autoridades estarían amenazando a Yamilka con una posible sanción de “mínimo cuatro meses de prisión” por expresar sus opiniones en redes sociales.

“Ella no es una delincuente”, afirmó su familiar, al defender que Yamilka no ha cometido ningún crimen y que su único “delito” ha sido hablar, publicar y denunciar lo que ocurre en Cuba.

El caso vuelve a poner en evidencia la persecución sistemática contra ciudadanos cubanos que usan internet para expresar inconformidad, criticar al poder o acompañar causas sociales.

Yamilka Mora, según sus allegados, realiza labores comunitarias y de ayuda social. Es decir, no se trata de una persona vinculada al crimen ni a la violencia, sino de una mujer que ha dedicado parte de su tiempo a apoyar a otros.

Pero en Cuba, ayudar al pueblo y decir la verdad puede convertirse en motivo de vigilancia, citaciones, amenazas o cárcel.

El régimen no teme a los delincuentes comunes con la misma intensidad con que teme a los ciudadanos que piensan por cuenta propia. Teme a una publicación. Teme a un video. Teme a una denuncia. Teme a una mujer que se atreve a decir lo que muchos callan por miedo.

La detención de Yamilka ocurre en un contexto de creciente represión contra activistas, creadores de contenido, periodistas independientes y ciudadanos que usan Facebook, TikTok o WhatsApp para mostrar la realidad del país.

En la Cuba actual, las redes sociales se han convertido en una ventana incómoda para el poder. Allí aparecen los apagones, las colas, la falta de agua, los abusos policiales, las detenciones arbitrarias y la miseria que la propaganda oficial intenta esconder.

Por eso el régimen castiga no solo lo que se hace, sino lo que se dice. Castiga la opinión. Castiga la crítica. Castiga la dignidad de quienes se niegan a repetir consignas.

La amenaza de prisión contra Yamilka Mora confirma que el aparato represivo cubano sigue tratando la libertad de expresión como una conducta peligrosa. En cualquier país democrático, criticar a un gobierno es un derecho. En Cuba, puede convertirse en expediente policial.

El familiar que denunció el caso pidió atención pública y solidaridad, porque mientras más silencio haya alrededor de una detención, más margen tiene el régimen para presionar, intimidar o fabricar acusaciones.

Yamilka no debe ser castigada por hablar. Ningún cubano debe terminar detenido por publicar en Facebook. Ninguna familia debe vivir con miedo porque uno de los suyos decidió decir la verdad.

La dictadura cubana no persigue solamente hechos: persigue ejemplos. Persigue a quienes pueden inspirar a otros a perder el miedo. Persigue a quienes ayudan, opinan, denuncian y rompen el silencio.

El caso de Yamilka Mora debe ser visibilizado. Cuba necesita que cada detención arbitraria tenga nombre, rostro y memoria. Porque la represión se alimenta del silencio, pero retrocede cuando el abuso se expone.

Pensar con libertad, hablar sin miedo y publicar una opinión no debería ser un privilegio. Debería ser un derecho.

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