Actor, dramaturgo, director artístico, promotor cultural y maestro de varias generaciones, Pini dedicó décadas de su vida al teatro y a la formación de artistas, dejando una huella profunda en la escena cultural santiaguera.

La noticia fue confirmada por instituciones vinculadas a las artes escénicas en Santiago de Cuba, así como por medios culturales y de prensa, que destacaron su importancia como hombre de teatro y referente obligado de la cultura cubana.

Pini murió en la misma ciudad que lo vio nacer y crecer artísticamente: Santiago de Cuba, territorio al que entregó buena parte de su vida creadora y donde se convirtió en símbolo de talento, entrega y pasión por las tablas.

Su nombre estuvo estrechamente vinculado a Calibán Teatro, una de las agrupaciones teatrales más reconocidas del oriente cubano, con presentaciones que llegaron a escenarios internacionales en países como España, la antigua URSS, República Dominicana, Barbados y Curazao.

También fue una figura importante de la Teatrova, movimiento que fusionó el teatro con la trova santiaguera, y formó parte de experiencias artísticas como A Dos Manos, consolidando una carrera marcada por la creación, la enseñanza y la defensa de la identidad cultural de Santiago.

Uno de sus grandes aportes fue su participación como cofundador del Festival de Teatro Máscara de Caoba, evento que ayudó a visibilizar el quehacer teatral de las provincias orientales y que se convirtió en un espacio fundamental para artistas, grupos y públicos de esa región.

Pini no fue solamente un actor sobre el escenario. Fue también un formador. Durante años ejerció como jefe de la Cátedra de Teatro en la filial de la Universidad de las Artes en Santiago de Cuba, donde contribuyó a preparar a nuevas generaciones de actores y creadores.

Además, promovió espacios culturales muy recordados en la ciudad, como las noches culturales de la Calle Heredia y la peña “Desempolvando”, desarrollada en el antiguo VIVAC, dedicada a rescatar historias, memoria y vida cultural santiaguera.

A lo largo de su trayectoria recibió múltiples premios y reconocimientos. Entre ellos se mencionan más de 20 galardones, la distinción de Artista de Mérito de la UNEAC, el título de Maestro de Generaciones, la Placa Heredia, la Placa Avellaneda y, recientemente, la Llave de la Ciudad de Santiago de Cuba.

Su carrera abarcó más de medio siglo de vida artística. Según reseñas culturales, fue actor, declamador, dramaturgo, poeta, director de celebraciones culturales y profesor en diversas instituciones, con una vocación constante por enseñar y compartir el oficio teatral.

La partida de Pini deja un vacío difícil de llenar en Santiago de Cuba. No se va solamente un artista; se va un maestro, un promotor, un hombre que entendía la cultura como servicio, memoria y pertenencia.

En redes sociales, colegas, alumnos, amigos y seguidores han expresado mensajes de dolor y reconocimiento, recordando su entrega al teatro y su papel como guía para varias generaciones de creadores.

Hoy las tablas santiagueras pierden una de sus voces más auténticas. Pero su legado queda en los escenarios, en sus alumnos, en los festivales que ayudó a levantar y en la memoria de una ciudad que lo reconoce como uno de sus hijos culturales más entrañables.

José Emigdio Pascual Varona, “Pini”, se marcha físicamente, pero su obra queda viva. Y cuando un artista logra sembrar tanto en su pueblo, la muerte no lo borra: lo convierte en parte permanente de la historia cultural de Cuba.