Durante una emisión especial de la Mesa Redonda, el diplomático calificó la acusación como “fraudulenta” y aseguró que no tiene “asidero legal, político ni moral”, repitiendo la línea oficial del castrismo para defender a Raúl Castro y a los militares implicados en el caso.

El punto más fuerte de su intervención llegó cuando advirtió que “cualquier intento de utilizar esta excusa para una acción contra estos compañeros dentro de Cuba se topará con una resistencia feroz del pueblo cubano”. La frase fue publicada por Radio Rebelde, medio oficial del régimen.

La declaración confirma el tono de confrontación que La Habana ha adoptado tras la imputación de Raúl Castro en Estados Unidos. En lugar de responder ante los tribunales o reconocer el reclamo de justicia de las familias de las víctimas, el régimen vuelve a atrincherarse en el discurso de plaza sitiada.

El Departamento de Justicia de EE. UU. anunció el 20 de mayo la apertura de una acusación contra Raúl Modesto Castro Ruz, de 94 años, y otros cinco coacusados del régimen por su presunto papel en el derribo de dos aeronaves civiles desarmadas operadas por Brothers to the Rescue, también conocida como Hermanos al Rescate, sobre aguas internacionales.

Los cargos incluyen conspiración para matar a ciudadanos estadounidenses, dos cargos por destrucción de aeronaves y cuatro cargos de asesinato. El propio Departamento de Justicia aclaró que la acusación es una alegación y que todos los acusados se presumen inocentes hasta que se demuestre lo contrario en un tribunal.

Las víctimas del ataque fueron Carlos Costa, Armando Alejandre Jr., Mario de la Peña y Pablo Morales, cuatro cubanoestadounidenses vinculados a Hermanos al Rescate. Para el exilio cubano, el caso representa una herida abierta desde hace casi tres décadas.

Fernández de Cossío, sin embargo, defendió la actuación de los militares cubanos implicados y afirmó que actuaron “cumpliendo con un deber” de proteger el espacio aéreo, la patria y la paz de los cubanos. Esa defensa ignora el centro del debate internacional: las aeronaves derribadas eran civiles, estaban desarmadas y Washington sostiene que fueron atacadas en aguas internacionales.

Diario de Cuba también reportó que el régimen convocó un acto masivo en la Tribuna Antiimperialista de La Habana en respaldo a Raúl Castro, apenas horas después de conocerse la imputación en Estados Unidos.

La convocatoria oficialista llega en un momento especialmente crítico para Cuba, con apagones prolongados, falta de combustible, escasez de alimentos, hospitales golpeados por la crisis y protestas ciudadanas en varias provincias. Aun así, el régimen moviliza su maquinaria política para defender a sus dirigentes, no para responder al sufrimiento diario del pueblo.

La frase “resistencia feroz del pueblo cubano” revela una vieja estrategia del castrismo: usar al pueblo como escudo discursivo cada vez que la cúpula enfrenta presión internacional. Pero el pueblo cubano real está ocupado sobreviviendo entre apagones, hambre, colas, censura y salarios pulverizados.

El régimen intenta convertir la acusación judicial contra Raúl Castro en una amenaza contra toda Cuba. Pero una cosa es el pueblo cubano y otra muy distinta es la élite militar que ha gobernado la isla durante décadas sin elecciones libres, sin rendición de cuentas y sin justicia para las víctimas de sus decisiones.

La acusación de Estados Unidos abre un nuevo capítulo en la larga historia de impunidad del castrismo. Por primera vez en décadas, uno de los máximos símbolos del poder cubano queda formalmente señalado por la justicia estadounidense en un caso donde murieron ciudadanos estadounidenses.

La Habana responde con amenazas, consignas y actos de masas. Washington responde con cargos, tribunales y expedientes. Y en medio de esa confrontación queda una pregunta esencial: ¿por qué un régimen que se dice tan seguro de su inocencia necesita esconderse detrás del miedo, la propaganda y la movilización forzada?

La advertencia de Fernández de Cossío no borra el pasado. Tampoco borra los nombres de los muertos. El caso de Hermanos al Rescate sigue vivo porque las familias no olvidan, el exilio no olvida y ahora la justicia estadounidense decidió reabrir una puerta que el castrismo creyó cerrada para siempre.