Bolton hizo las declaraciones durante una entrevista en el programa “On Balance with Leland Vittert”, de NewsNation, donde fue categórico al explicar que, para él, “cambio de régimen significa cambio de régimen”, no una operación simbólica ni una presión limitada como las aplicadas en otros países.
El exfuncionario sostuvo que el escalón superior del gobierno cubano debería abandonar la isla y que el control del país debe ser devuelto al pueblo cubano. Incluso mencionó la posibilidad de que los dirigentes salgan al exilio en México u otro destino, según recogió CiberCuba.
Sus palabras llegan en un momento de máxima presión contra La Habana. Estados Unidos presentó cargos contra Raúl Castro por conspiración para matar ciudadanos estadounidenses, asesinato y destrucción de aeronaves, relacionados con el derribo de dos avionetas civiles de Hermanos al Rescate en 1996. Reuters reportó que la acusación marca una fuerte escalada en la campaña de presión de Washington contra el régimen cubano.
Bolton, sin embargo, advirtió contra repetir lo que llamó el “plan de Venezuela”. Según su análisis, intentar capturar o secuestrar a Raúl Castro bajo los cargos penales recién presentados no necesariamente produciría un cambio real dentro de Cuba. A su juicio, una acción centrada solo en una figura del poder podría no alterar la estructura política de fondo.
La advertencia es importante porque Bolton no rechaza el cambio de régimen; lo que cuestiona es una operación improvisada o mal calculada que deje intactos al Ejército, la Policía y los mecanismos de control interno del castrismo.
El exasesor también señaló que Estados Unidos tiene una ventaja estratégica que no tenía en Venezuela: la Base Naval de Guantánamo, ubicada dentro del territorio cubano. Aun así, expresó dudas sobre si los medios militares desplegados en la región estarían realmente configurados para una operación directa contra el régimen.
Bolton pidió cautela y recomendó consultar a figuras clave de la oposición cubana y a la comunidad cubanoamericana antes de cualquier movimiento de fuerza. Según él, una acción precipitada podría terminar perjudicando al pueblo cubano si las fuerzas militares y policiales permanecen leales al régimen.
El planteamiento de Bolton coloca sobre la mesa una realidad incómoda: no basta con golpear a una figura histórica como Raúl Castro si el aparato político, militar y económico que sostiene al régimen sigue funcionando.
La acusación contra Raúl Castro ha provocado una reacción furiosa de La Habana. AP reportó que el gobierno cubano condenó los cargos y los presentó como una maniobra política destinada a justificar una posible agresión militar contra Cuba.
Para el régimen, cada señal de presión externa se convierte en argumento para movilizar actos, repetir consignas y presentar a la cúpula como si fuera la nación entera. Pero Cuba no es Raúl Castro, no es el Partido Comunista y no es una élite militar que ha gobernado durante décadas sin elecciones libres.
El análisis de Bolton llega además en un contexto interno devastador para la isla: apagones masivos, falta de combustible, hospitales en crisis, protestas sociales, desabastecimiento y un éxodo que sigue vaciando al país de jóvenes, profesionales y familias enteras.
La pregunta central ya no es solo si el régimen cubano puede resistir otra ola de presión internacional. La pregunta es si puede seguir gobernando un país donde cada vez más ciudadanos viven sin electricidad, sin agua, sin comida suficiente y sin confianza en el futuro.
Bolton ve posible y necesario un cambio profundo, pero también advierte que hacerlo mal podría ser peligroso. Su mensaje combina dureza contra el régimen con una advertencia estratégica: Cuba no debe ser tratada como un simple trofeo político, sino como un país donde cualquier salida debe devolver el poder real al pueblo.
La noticia confirma que el debate sobre Cuba en Washington ya no se limita a sanciones o declaraciones diplomáticas. Ahora se habla abiertamente de cambio de régimen, de transición, de oposición interna, de la diáspora y de cómo evitar que una caída parcial deje en pie la misma maquinaria de control.
Para el castrismo, esas palabras son una alarma. Para muchos cubanos dentro y fuera de la isla, son una señal de que el mundo empieza a mirar de frente lo que el régimen lleva décadas intentando ocultar: Cuba no necesita más parches, necesita libertad, instituciones nuevas y el fin de un sistema que ya no puede ofrecer ni presente ni futuro.
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