Mas Santos, una de las figuras más influyentes del exilio cubano en Miami, sostiene que la isla vive una situación insostenible y que el sistema actual no puede ofrecer a los ciudadanos lo más básico: comida, electricidad, agua, oportunidades, trabajo y futuro.
En la entrevista, el empresario aseguró que la reconstrucción económica de Cuba debe comenzar por el establecimiento de un Estado de Derecho, porque, según dijo, el sistema y la estructura política actual no funcionan y habría que empezar prácticamente desde cero.
Su diagnóstico es demoledor para el régimen: Cuba no necesita pequeños retoques ni reformas cosméticas, sino un cambio completo de liderazgo, instituciones funcionales, apertura económica y reglas claras que protejan la inversión, la propiedad privada y las libertades civiles.
Mas explicó que la isla debe reconstruir su infraestructura básica, incluyendo puertos, aeropuertos, carreteras, el poder civil en ciudades y municipios, además de poner a funcionar nuevamente el sistema de salud.
La visión de Mas Santos no se limita al turismo ni a la restauración de hoteles. El empresario habló de una Cuba moderna, tecnológica, conectada al mercado estadounidense y con una de las economías más abiertas del mundo.
El punto más llamativo llegó cuando aseguró que la reconstrucción económica de Cuba no sería difícil, sino “súper fácil”, siempre que exista un marco legal donde reine el mercado, se incentive la inversión extranjera y se proteja el capital.
Mas fue aún más lejos al afirmar que, si hicieran falta 40, 50, 60, 70 u 80 mil millones de dólares para reconstruir la isla, eso no sería un problema. Según él, el exilio cubano tiene capacidad financiera, empresarial y técnica suficiente para aportar a esa transformación, junto con fondos de inversión y capital internacional.
La declaración golpea directamente la narrativa del régimen cubano, que durante décadas ha intentado convencer al pueblo de que la pobreza es inevitable y de que Cuba no puede prosperar sin el control absoluto del Partido Comunista.
Lo que Mas plantea es exactamente lo contrario: que el problema de Cuba no es su pueblo, ni su geografía, ni su potencial económico, sino un sistema político que destruyó la iniciativa privada, espantó la inversión, arruinó la infraestructura y convirtió la obediencia en condición para sobrevivir.
El empresario también presentó, según EL PAÍS, una hoja de ruta para una Cuba próspera, democrática y de libre mercado, además de un proyecto de Ley Fundamental para una transición democrática, elaborado con apoyo de la Asociación de Abogados Cubanoestadounidenses.
Entre sus propuestas aparecen la modernización del sistema bancario, la eliminación del impuesto sobre la renta, incentivos fiscales para empresas con participación de capital nacional y una apertura orientada a reconstruir sectores estratégicos de la economía.
Mas también defendió un modelo de salud híbrido, con participación privada pero sin costo directo para el ciudadano, financiado mediante bonos pagados por el Estado. Según explicó, no se trataría de copiar exactamente el sistema estadounidense, sino de crear una combinación adaptada a Cuba.
La idea central es clara: sin libertad económica, sin seguridad jurídica y sin cambio político real, Cuba seguirá atrapada en la ruina. Ningún inversionista serio va a poner capital en un país donde el Estado puede controlar, confiscar, bloquear o castigar según criterios políticos.
Mas Santos también se mostró alineado con figuras clave de Washington, incluyendo Donald Trump y Marco Rubio, y aseguró que nunca ha existido una relación tan estrecha y coordinada dentro del exilio cubano como la actual.
Para el régimen, estas declaraciones son incómodas porque desmontan una de sus principales mentiras: que fuera del castrismo solo existe caos. Mas sostiene que existe capital, conocimiento, experiencia empresarial y una diáspora dispuesta a participar en la reconstrucción nacional.
La pregunta de fondo no es si Cuba puede reconstruirse. La pregunta es cuándo se le permitirá al pueblo cubano hacerlo sin una dictadura encima. Porque talento hay. Capital hay. Exilio preparado hay. Mercado cercano hay. Lo que falta es libertad.
Después de más de seis décadas de centralismo, censura, pobreza y fracaso, la afirmación de Jorge Mas Santos deja un mensaje potente: Cuba no está condenada a la miseria. Lo que está agotado es el castrismo.
La reconstrucción de la isla no será obra de consignas ni de burócratas, sino de cubanos libres, inversión privada, instituciones serias, respeto a la propiedad y una apertura económica real. Y por eso el régimen le teme tanto a ese futuro: porque demostraría que Cuba podía haber prosperado hace mucho tiempo, si no la hubieran secuestrado políticamente.
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