“La familia Castro destruyó una nación entera, pero no pudo destruir el espíritu del pueblo cubano”, afirmó Salazar en una publicación difundida en redes sociales. La legisladora también sostuvo que los cubanos dentro y fuera de la isla tienen la capacidad de reconstruir el país y convertirlo en la nación próspera que “siempre debió ser”.

El mensaje llega en un momento de alta tensión política para el régimen cubano, marcado por el deterioro económico, los apagones masivos, la escasez de alimentos, el aumento de la represión y el creciente descontento popular dentro de la isla. Para muchos cubanos, las palabras de Salazar reflejan una convicción que se repite cada vez con más fuerza: el sistema comunista ha fracasado y el país necesita un cambio profundo.

Salazar, representante del distrito 27 de Florida y una de las voces más firmes en el Congreso de Estados Unidos contra las dictaduras de Cuba, Venezuela y Nicaragua, insistió en que el futuro de Cuba no pertenece a la cúpula que ha gobernado por más de seis décadas, sino al pueblo cubano y a la diáspora que ha mantenido viva la esperanza de libertad.

La congresista señaló que, pese a la destrucción institucional, económica y moral provocada por décadas de castrismo, el espíritu nacional no ha sido vencido. Millones de cubanos dentro de la isla continúan resistiendo entre carencias, vigilancia y miedo, mientras el exilio ha construido comunidades prósperas en distintos países sin renunciar al sueño de ver una Cuba libre.

La frase “el tiempo de la dictadura se acabó” resume el mensaje político de Salazar y conecta con un sentimiento creciente entre quienes consideran que el régimen atraviesa una de sus etapas más débiles. La crisis energética, la falta de combustible, la pérdida de rutas aéreas, el colapso del turismo, las sanciones contra estructuras militares y el rechazo ciudadano han colocado al poder cubano bajo una presión cada vez mayor.

Mientras la élite gobernante intenta culpar al exterior por el desastre nacional, la realidad dentro de Cuba muestra un país empobrecido, con familias obligadas a vivir sin electricidad, sin agua, sin medicinas y sin salarios suficientes para comer. El contraste entre los privilegios de la cúpula y la miseria del pueblo ha terminado destruyendo gran parte de la narrativa oficial.

El mensaje de Salazar también apunta hacia el futuro. La reconstrucción de Cuba, según su visión, dependerá de la energía, el talento y la voluntad de los cubanos dentro y fuera de la isla. Empresarios, profesionales, trabajadores, jóvenes, exiliados y familias separadas por décadas de dictadura podrían convertirse en la base de una nación libre, productiva y próspera.

Pero para que esa reconstrucción sea posible, primero debe terminar el sistema que ha convertido al país en una cárcel política y económica. Sin libertad de expresión, sin elecciones reales, sin respeto a la propiedad privada y sin instituciones independientes, Cuba seguirá atrapada en el mismo ciclo de pobreza, control y represión.

Las palabras de María Elvira Salazar vuelven a colocar el foco sobre una idea central: la dictadura puede haber destruido mucho, pero no logró apagar el deseo de libertad del pueblo cubano. Después de décadas de sacrificios impuestos, familias separadas, presos políticos y generaciones obligadas a emigrar, la esperanza de una Cuba libre sigue viva.

“El tiempo de la dictadura se acabó”, dijo Salazar. Para millones de cubanos, esa frase no es solo una declaración política: es el anhelo de un país que quiere volver a levantarse.

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