Hasta ahora, no existe confirmación independiente de todos los objetivos mencionados en redes ni de una atribución directa de cada ataque reciente a “Madyar”. Sin embargo, sí está confirmado que Ucrania ha intensificado sus operaciones con drones dentro de territorio ruso y que Moscú enfrentó el 17 de mayo su mayor ataque de drones en más de un año, según Reuters. Autoridades rusas reportaron al menos cuatro muertos, incluidos tres en la región de Moscú, mientras Ucrania afirmó haber golpeado instalaciones petroleras y una planta vinculada a la producción de armas.

Robert Brovdi, conocido por su indicativo “Madyar”, es una figura clave en la guerra de drones ucraniana. The Guardian lo identificó como comandante de las Fuerzas de Sistemas No Tripulados de Ucrania y jefe de la unidad “Madyar’s Birds”, señalando que sus operaciones de largo alcance han golpeado puertos, refinerías de petróleo y fábricas militares dentro de Rusia.

El mensaje estratégico es claro: Rusia ya no puede atacar Kyiv, Odesa, Dnipro o Járkiv creyendo que Moscú permanecerá intocable. La guerra que el Kremlin llevó durante años contra ciudades ucranianas empieza a sentirse también en zonas que hasta hace poco parecían protegidas por la distancia, la propaganda y el escudo político de la capital rusa.

Uno de los golpes más sensibles fue el ataque contra la refinería de Moscú. Reuters reportó que la instalación detuvo temporalmente el procesamiento de crudo tras el ataque ucraniano del 17 de mayo, aunque fuentes industriales indicaron que el daño directo fue limitado y que la parada se hizo por motivos de seguridad. La refinería abastece de combustible a la capital rusa y produce gasolina, diésel y otros derivados.

La presión ya está provocando cambios dentro de Rusia. El Parlamento ruso aprobó una ley que permite al Banco Central, Sberbank y otras instituciones financieras instalar sistemas propios de defensa contra drones y armar personal para repeler ataques, una señal de que Moscú reconoce que sus defensas están cada vez más exigidas.

The Guardian también reportó que el Gobierno ruso pidió a grandes bancos asumir parte de su propia defensa contra drones, mientras Ucrania continúa apuntando a infraestructura utilizada para financiar o sostener la maquinaria de guerra rusa: refinerías, depósitos, redes energéticas, fábricas militares, aeronaves y centros logísticos.

La dimensión psicológica de estos ataques es tan importante como la militar. Cada explosión cerca de Moscú golpea la narrativa del Kremlin, que durante años intentó vender la guerra como algo lejano para la población rusa. Ucrania está demostrando que puede llevar presión al centro simbólico del poder ruso, incluso mientras sus propias ciudades siguen bajo ataques masivos de misiles y drones.

Rusia ha respondido acusando a Kyiv de atacar civiles, mientras Ucrania sostiene que sus golpes buscan reducir la capacidad militar y económica del invasor. Ambas partes niegan atacar deliberadamente a la población civil, pero el conflicto ha entrado en una fase donde los drones de largo alcance se han convertido en una herramienta decisiva para desgastar infraestructura, moral y capacidad de guerra.

El Kremlin quiso acostumbrar al mundo a ver ciudades ucranianas bajo fuego. Ahora, Moscú empieza a escuchar el eco de esa misma guerra. No se trata solo de daños materiales: se trata de romper la idea de que Rusia puede bombardear impunemente mientras su capital permanece aislada de las consecuencias.

El mensaje que llega desde Ucrania es cada vez más directo: si Rusia prepara nuevos ataques contra ciudades ucranianas, Ucrania también tiene capacidad para golpear objetivos estratégicos dentro del territorio ruso. La guerra ya no se queda donde Putin quiso imponerla.

Moscú está bajo presión. Y cada dron que atraviesa sus defensas deja una señal política y militar: el centro del poder ruso ya no duerme tranquilo.

#LaHabanaTimes #Ucrania #Rusia #Moscú #GuerraEnUcrania #Drones #Madyar #Putin #Kyiv #NoticiasInternacionales