La información fue compartida por Yonimile Ríos, quien denunció que Gómez Azcuy padecía una grave Enfermedad Cerebrovascular Isquémica Aguda y que, pese a los reclamos insistentes de su abuela Elena María Ascuy y otros familiares, las autoridades del MININT no habrían concedido una licencia extrapenal que le permitiera recibir atención fuera del régimen carcelario.
Según la denuncia, la salud del recluso se deterioró de manera crítica hasta que su cuerpo no resistió más mientras se encontraba ingresado en el Hospital Provincial Dr. Antonio Luaces Iraola, en Ciego de Ávila. Testigos citados por familiares reportaron presuntos maltratos institucionales y desatención médica extrema durante el proceso.
El caso vuelve a colocar bajo escrutinio la situación de los presos en Cuba, especialmente aquellos con enfermedades graves que dependen de decisiones administrativas y políticas para acceder a beneficios humanitarios o atención médica adecuada. Para sus familiares, la muerte de Mario Gómez Azcuy no fue solo una tragedia médica, sino el resultado de un sistema que ignoró señales de alarma y pedidos desesperados de ayuda.
La solicitud de licencia extrapenal, de acuerdo con las publicaciones difundidas, buscaba precisamente evitar un desenlace fatal. Sin embargo, la familia denuncia que las autoridades penitenciarias y del Ministerio del Interior actuaron con indiferencia, dejando que la enfermedad avanzara hasta el punto más crítico.
La muerte de un preso bajo custodia estatal exige transparencia. El Estado cubano tenía la responsabilidad de garantizar su vida, su salud y su dignidad, aun estando privado de libertad. Ninguna condena puede convertirse en una sentencia de abandono, sufrimiento o muerte por falta de atención oportuna.
Esta tragedia golpea además a una familia que, según la denuncia, nunca dejó de luchar por la dignidad de Mario. Su abuela Elena María Ascuy y sus allegados reclamaron una solución humanitaria mientras todavía había tiempo. Hoy enfrentan una pérdida irreparable y la amarga sensación de que sus advertencias fueron ignoradas.
El caso se suma a una larga lista de denuncias sobre las condiciones de las cárceles cubanas: falta de atención médica, mala alimentación, insalubridad, hacinamiento, maltratos, demora en traslados hospitalarios y ausencia de mecanismos reales para que los presos y sus familias reclamen justicia.
En Ciego de Ávila, la prisión de Canaleta también ha sido señalada recientemente por reportes sobre brotes sanitarios, hambre, abusos y condiciones de gravedad sin una respuesta suficiente de las autoridades. Activistas y familiares han advertido que la situación dentro de varios centros penitenciarios puede provocar nuevas muertes si no se toman medidas urgentes.
La muerte de Mario Gómez Azcuy no debe quedar en silencio. Las autoridades cubanas deben explicar qué atención recibió, por qué no se otorgó la licencia extrapenal solicitada, quién evaluó su estado de salud y qué responsabilidad institucional existe en el desenlace.
Cuba no puede seguir tratando a los presos como cuerpos descartables. Incluso en prisión, una persona conserva derechos fundamentales. El derecho a la vida, a la salud y a un trato digno no desaparece tras los barrotes.
Desde La Habana Times enviamos un fuerte abrazo de condolencia a sus familiares, especialmente a su abuela Elena María Ascuy, que luchó hasta el final por su dignidad.
La muerte de Mario Gómez Azcuy expone una vez más la realidad más oscura del sistema penitenciario cubano: cárceles donde el abandono, la falta de humanidad y la desatención pueden apagar una vida mientras las autoridades miran hacia otro lado.
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