Su madre, Denia Fernández Rey, salió a las calles vestida de negro, con fotografías de su hijo en las manos, para pegarlas en postes, paredes y esquinas del municipio santiaguero. Su mensaje fue directo y desgarrador: “Ni un llanto más de una madre”.
De acuerdo con reportes difundidos por medios independientes, Jesús Alberto murió en la madrugada del viernes 13 de junio tras recibir una herida mortal cerca del Bar Galaxy, en Palma Soriano. La familia exige que el caso no quede impune y reclama una investigación clara sobre lo ocurrido.
Denia Fernández Rey, conocida por su activismo opositor en el oriente de Cuba, transformó su duelo en una protesta visible. Recorrió calles del municipio colocando imágenes de su único hijo y pidiendo justicia, en un gesto que refleja no solo el dolor familiar, sino también el cansancio de muchas madres cubanas ante la violencia, la inseguridad y la falta de respuestas institucionales.
La madre denunció además la situación que habría encontrado al llegar al hospital: falta de electricidad, falta de sangre, carencias materiales y ausencia de condiciones adecuadas para atender emergencias. Según su testimonio, tampoco habría existido una respuesta rápida y efectiva de los servicios de ambulancia.
El caso ha provocado indignación porque ocurre en medio de un deterioro social cada vez más visible en Cuba. Vecinos y activistas denuncian que la violencia aumenta en muchas comunidades, mientras la presencia policial parece concentrarse más en vigilar la protesta y perseguir la disidencia que en proteger realmente a los ciudadanos.
Denia también denunció presiones y amenazas de la Seguridad del Estado durante el proceso funerario. Hasta el momento, las autoridades cubanas no han ofrecido una explicación pública detallada sobre el caso ni sobre el avance de la investigación.
Jesús Alberto Martínez Fernández era recordado por allegados como un joven trabajador y querido en su comunidad. Su muerte deja una familia destruida y una madre decidida a no guardar silencio.
El reclamo de Denia Fernández Rey no es solo por su hijo. Es también por todas las madres cubanas que han perdido a sus hijos en medio de la violencia, la negligencia, la falta de atención médica y el abandono de un país donde la vida parece valer cada vez menos.
“Ni un llanto más de una madre” se ha convertido en un grito de justicia desde Palma Soriano. Un grito contra la impunidad, contra el abandono y contra un sistema que no protege al pueblo, pero sí intenta silenciar a quienes se atreven a denunciar.
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