El testimonio refleja una realidad que se repite cada vez más en centros escolares del país: aulas sin docentes, estudiantes que asisten para perder el tiempo, horarios recortados y familias que ya no saben si enviar a sus hijos a la escuela tiene sentido cuando no hay condiciones mínimas para aprender.

No se trata de un hecho aislado. CubaNet ya había documentado en reportes anteriores que la falta de maestros afecta a distintos niveles de enseñanza y que el déficit de docentes se ha vuelto una crisis estructural dentro del sistema educativo cubano.

Los bajos salarios han empujado a muchos profesores a abandonar las aulas para buscar cualquier otra forma de ingreso. Enseñar en Cuba, bajo apagones, transporte colapsado, hambre, falta de materiales y sueldos miserables, se ha convertido en una misión casi imposible.

El régimen sigue presentando la educación como una de sus grandes conquistas, pero la realidad en las escuelas cuenta otra historia. No hay suficientes profesores, faltan alimentos, escasean los materiales escolares, el transporte falla y los apagones interrumpen la rutina de estudiantes y maestros.

La crisis energética terminó de golpear al sistema educativo. 14ymedio reportó que Cuba suspendió los exámenes de acceso a la universidad y adelantó el cierre del curso escolar debido a la “compleja situación” provocada por la falta de combustible y transporte.

Esa decisión confirma que la educación ya no funciona con normalidad. Cuando un país debe suspender pruebas de ingreso, adelantar el cierre del curso y flexibilizar evaluaciones porque no puede garantizar transporte ni electricidad, lo que existe no es un reajuste temporal: es un colapso.

Los alumnos también están dejando de asistir. Algunas familias prefieren no mandar a sus hijos cuando saben que no habrá clases reales, que no hay comida suficiente o que los niños tendrán que regresar caminando bajo el calor por falta de transporte.

Los maestros que permanecen en el sistema cargan con una presión enorme. Muchos trabajan sin recursos, con salarios pulverizados por la inflación y en condiciones que no les permiten sostener una vida digna. El régimen les exige vocación, pero no les garantiza ni lo básico.

El deterioro educativo también golpea el futuro del país. Una generación que crece entre clases interrumpidas, profesores ausentes, apagones y desmotivación corre el riesgo de quedar marcada por la improvisación y el abandono.

La propaganda oficial insiste en hablar de resistencia, pero ningún niño debería necesitar resistencia para recibir clases. Ningún maestro debería vivir en pobreza por enseñar. Ninguna escuela debería abrir sus puertas sin docentes suficientes para cumplir su función.

La denuncia recogida por CubaNet revela una verdad incómoda: el sistema educativo cubano ya no se sostiene por planificación estatal, sino por sacrificio individual, remiendos, ausencias y silencio obligado.

Cuba no necesita más consignas sobre la educación. Necesita profesores bien pagados, escuelas con recursos, transporte, electricidad, alimentación escolar, materiales básicos y libertad para que la enseñanza deje de ser propaganda y vuelva a ser formación real.

Cuando una escuela pasa el día sin dar ni un turno de clases porque no hay profesores, el fracaso no es del maestro ni del alumno. El fracaso es de un régimen que destruyó las condiciones para enseñar, aprender y construir futuro.