Empresas, ministerios y organismos públicos comenzaron a publicar imágenes de “matutinos”, actos colectivos y declaraciones de apoyo al exgobernante cubano, replicando la línea oficial del Partido Comunista y presentando la imputación judicial como una supuesta agresión contra Cuba.

Entre las entidades mencionadas aparecen ETECSA y organismos vinculados al Ministerio del Transporte, cuyos trabajadores fueron movilizados para participar en actos de condena contra la acusación presentada por el Departamento de Justicia de Estados Unidos. CiberCuba reportó que varias instituciones estatales publicaron mensajes de respaldo al llamado “General de Ejército”.

ETECSA informó sobre un “Matutino Central” realizado en el Ministerio de Comunicaciones para condenar la acusación contra Raúl Castro Ruz, mientras otras entidades estatales repitieron consignas de lealtad y respaldo al régimen.

El Grupo Empresarial Marítimo Portuario, GEMAR, también se sumó a la ofensiva propagandística con mensajes de apoyo al liderazgo histórico del castrismo, en una muestra más de cómo el Estado cubano usa estructuras laborales para fines políticos.

La campaña ocurre después de que el Departamento de Justicia de Estados Unidos revelara una acusación formal contra Raúl Castro y otros cinco coacusados por el derribo de dos aeronaves civiles desarmadas de Brothers to the Rescue, conocidas en español como Hermanos al Rescate.

Los cargos incluyen conspiración para matar a ciudadanos estadounidenses, asesinato y destrucción de aeronaves. El caso está relacionado con el ataque de 1996, en el que murieron cuatro cubanoestadounidenses: Carlos Costa, Armando Alejandre Jr., Mario de la Peña y Pablo Morales.

El régimen cubano reaccionó con furia. Miguel Díaz-Canel elevó el tono este jueves al escribir en X: “El General de Ejército es Cuba y a Cuba se respeta”, frase que fue reproducida por medios oficialistas como Granma, Cubadebate y Escambray.

Díaz-Canel también convocó a un acto político en la Tribuna Antiimperialista de La Habana, previsto para este viernes, como parte de la respuesta oficialista ante la imputación de Raúl Castro en un tribunal estadounidense.

La escena vuelve a mostrar una vieja práctica del castrismo: convertir escuelas, fábricas, ministerios y empresas estatales en extensiones del aparato político. En lugar de permitir que cada trabajador piense y opine libremente, el régimen organiza actos colectivos donde la lealtad se exhibe como obligación.

Lo más grave es el contraste. Mientras los cubanos sufren apagones, escasez, transporte colapsado, hospitales sin recursos y salarios pulverizados, el Estado moviliza recursos y estructuras laborales para defender a un dirigente histórico acusado en Estados Unidos por un caso de muerte de ciudadanos civiles.

El régimen intenta presentar la acusación contra Raúl Castro como un ataque contra toda Cuba. Pero Cuba no es Raúl Castro. Cuba no es el Partido Comunista. Cuba no es una cúpula militar que lleva más de seis décadas decidiendo el destino de millones de personas sin elecciones libres.

La imputación estadounidense todavía deberá seguir su proceso judicial, y los acusados conservan la presunción de inocencia hasta que se pruebe lo contrario en un tribunal. Pero la reacción del régimen confirma el temor político que produce el caso: por primera vez en décadas, uno de los símbolos máximos del poder castrista queda formalmente señalado por la justicia estadounidense.

La campaña en centros laborales demuestra que el régimen no solo quiere defender a Raúl Castro en el plano diplomático. Quiere obligar al país entero a cerrar filas alrededor de él, usando trabajadores estatales como escudo político.

Esa estrategia ya es conocida. Cuando el poder se siente acorralado, convoca actos, levanta consignas, fabrica unanimidad y exige lealtad pública. Pero debajo de esa escenografía queda la realidad de un país agotado, donde muchos trabajadores que hoy aparecen en fotos oficiales también regresan a casas sin electricidad, sin comida suficiente y sin futuro claro.

La defensa de Raúl Castro en centros estatales no borra la memoria de Hermanos al Rescate ni el dolor de las familias de las víctimas. Tampoco responde a la crisis diaria del pueblo cubano. Solo confirma que, para el régimen, proteger a la cúpula sigue siendo prioridad por encima de resolver la vida de la nación.

Mientras el castrismo repite que “Raúl es Cuba”, millones de cubanos saben que Cuba es mucho más que un apellido, una consigna o un partido. Cuba es su pueblo. Y ese pueblo merece verdad, libertad y justicia, no matutinos obligados para defender a quienes han gobernado sin rendir cuentas.