Desde temprano, militares, policías y trabajadores estatales comenzaron a concentrarse en la Tribuna Antiimperialista José Martí, frente a la Embajada de Estados Unidos en La Habana, en un acto convocado por el gobierno cubano como respuesta directa al proceso judicial abierto contra el exgobernante. CiberCuba reportó la llegada de militares, policías y empleados públicos al lugar desde la mañana.

La convocatoria oficial fue anunciada previamente por medios del régimen y por Cubadebate, que llamó a una “gran Tribuna Antiimperialista” para rechazar las acusaciones de Estados Unidos contra Raúl Castro y otros funcionarios cubanos.

Reuters confirmó que miles de personas se reunieron frente a la Embajada estadounidense para protestar contra la imputación de Raúl Castro, acusado en EE. UU. por su presunto papel en el derribo de dos aeronaves civiles hace casi tres décadas.

La movilización, sin embargo, ha sido vista por críticos del régimen como otra demostración de presión política sobre trabajadores estatales, militares y estudiantes. El hecho de convocar el acto un viernes en la mañana, en horario laboral, alimentó señalamientos sobre una participación organizada desde centros de trabajo y estructuras oficiales, más que una asistencia verdaderamente espontánea.

En Cuba, este tipo de actos suele funcionar como una extensión del control político. La asistencia no siempre se presenta como una opción libre, sino como parte de la disciplina laboral, institucional o militar. Para muchos cubanos, negarse a participar en una movilización oficialista puede significar problemas en el trabajo, señalamientos políticos o pérdida de oportunidades.

Mientras el régimen intenta mostrar imágenes de respaldo masivo, la realidad del país sigue marcada por apagones, falta de agua, escasez de alimentos, hospitales en crisis y protestas reprimidas en varias provincias. Esa contradicción hace que el acto parezca más una operación de propaganda que una expresión genuina de apoyo popular.

El País reportó que la movilización fue convocada por el régimen mediante estructuras como la Unión de Jóvenes Comunistas y que trabajadores y estudiantes fueron trasladados al acto en medio de una grave crisis energética. El mismo reporte señaló que, aunque medios estatales hablaron de 250,000 asistentes, imágenes aéreas mostraban una asistencia menor.

Raúl Castro fue acusado formalmente en Estados Unidos por cargos relacionados con el derribo de las avionetas civiles de Hermanos al Rescate, ocurrido el 24 de febrero de 1996, donde murieron cuatro cubanoestadounidenses. Es importante precisar que Raúl Castro ha sido imputado, no condenado; el proceso judicial aún debe seguir su curso.

El régimen cubano intenta convertir esa acusación judicial en una supuesta agresión contra toda la nación. Pero Cuba no es Raúl Castro. Cuba no es el Partido Comunista. Cuba no es una cúpula militar que ha gobernado durante décadas sin elecciones libres.

La pregunta que muchos se hacen es simple: si el pueblo cubano realmente estuviera dispuesto a defender al régimen con entusiasmo, ¿por qué convocar actos en horario laboral, movilizar estructuras estatales y usar centros de trabajo como base de participación política?

La escena de militares y trabajadores marchando al ritmo de consignas y música oficialista refleja una vieja fórmula del castrismo: fabricar unidad, exhibir obediencia y presentar como pueblo lo que muchas veces es aparato estatal movilizado.

Mientras tanto, las protestas espontáneas por apagones, hambre, falta de agua o represión no reciben transporte, tarimas ni cobertura oficial. Reciben patrullas, vigilancia, detenciones y amenazas.

El contraste es brutal. Para defender a Raúl Castro, el régimen activa buses, funcionarios, empresas, militares y medios estatales. Para resolver la vida del pueblo, faltan combustible, electricidad, comida, medicinas y respuestas.

El acto frente a la Embajada de Estados Unidos no demuestra fortaleza moral. Demuestra miedo político. Miedo a que el caso de Hermanos al Rescate abra una grieta en la impunidad histórica del castrismo. Miedo a que el pueblo vea que los intocables también pueden ser señalados por la justicia internacional.

Cuba necesita verdad, libertad y justicia. No necesita más marchas obligadas, ni más consignas coreografiadas, ni más trabajadores usados como escudo político de una élite que lleva décadas viviendo por encima del pueblo.

La movilización de este viernes deja una imagen clara: un régimen que no puede garantizar luz ni comida, pero sí puede organizar un acto para defender a sus dirigentes. Un poder que no escucha al ciudadano cuando protesta por sobrevivir, pero exige presencia cuando se trata de proteger a los suyos.

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