El fenómeno estuvo acompañado de intensas lluvias, descargas eléctricas, ráfagas de viento y caída de granizo, según el reporte divulgado por el Arzobispado de Santiago de Cuba y citado por CiberCuba.

Los daños más severos se concentraron en el sistema fotovoltaico de la parroquia. De los 12 paneles solares instalados, nueve fueron arrancados por el viento; siete quedaron severamente dañados al partirse, y uno terminó incrustado sobre uno de los autos de la institución.

Las imágenes difundidas muestran paneles con vidrios destrozados, marcos deformados y células solares dañadas, una pérdida dura para una comunidad que había logrado levantar ese sistema con mucho esfuerzo y ayuda externa.

El sistema de energía solar estaba compuesto por 12 paneles, un inversor y baterías, y había sido adquirido recientemente gracias al apoyo conjunto de los Padres Misioneros Italianos y la Diócesis de Milán.

Su objetivo era mucho más que iluminar un edificio religioso. La instalación permitía sostener el funcionamiento de la cocina del Comedor Parroquial, donde se prepara comida para casi un centenar de personas vulnerables, principalmente ancianos.

La pérdida golpea directamente a quienes menos tienen. En un país donde la pobreza, los apagones y la escasez ya castigan con fuerza a los más débiles, la destrucción de estos paneles afecta un servicio que ayudaba diariamente a personas que dependen de la solidaridad para poder comer.

El sistema solar también apoyaba el servicio de lavandería para beneficiarios de la tercera edad y el Proyecto de Repaso Escolar para niños del barrio, dos iniciativas comunitarias que ahora quedan golpeadas por los daños provocados por la tormenta.

Además, la parroquia servía como punto de apoyo para vecinos de Palma Soriano que acudían a cargar teléfonos, lámparas, ventiladores y equipos EcoFlow durante los apagones prolongados.

La inversión había surgido precisamente como respuesta a la crisis eléctrica crónica que padece Cuba. El propio comunicado parroquial explicó que, ante la inestabilidad del déficit eléctrico, los apagones constantes y las desconexiones del Sistema Eléctrico Nacional, se decidió instalar el sistema para evitar cocinar con carbón en condiciones difíciles.

La tormenta fue un fenómeno natural, pero el impacto social de sus daños está directamente agravado por la crisis estructural del país. En una Cuba con electricidad estable, perder paneles solares sería un golpe material; en la Cuba de hoy, puede significar dejar sin respaldo energético a un comedor, una lavandería comunitaria, aulas de repaso y vecinos desesperados por cargar una simple lámpara.

El régimen cubano ha llevado al país a un punto en que cada solución comunitaria depende de sacrificios, donaciones y ayuda externa. Mientras el Estado no puede garantizar corriente, iglesias, vecinos y organizaciones solidarias intentan tapar los huecos que deja el colapso nacional.

La destrucción del sistema solar de la Parroquia Nuestra Señora del Rosario deja una imagen dolorosa: la solidaridad ciudadana y religiosa tratando de sostener a los más vulnerables, mientras la infraestructura del país sigue abandonada y el pueblo queda a merced de apagones, tormentas y carencias.

Palma Soriano necesita ayuda urgente para recuperar ese sistema energético. No se trata solo de reponer paneles solares; se trata de proteger un comedor que alimenta a ancianos, de sostener servicios comunitarios y de devolver un poco de alivio a familias que ya viven demasiado golpeadas por la crisis cubana.

La tormenta pasó, pero el daño queda. Y una vez más, quienes pagan el precio más alto son los de siempre: los pobres, los ancianos, los niños y las comunidades que sobreviven gracias a la solidaridad, no gracias a un Estado que hace mucho dejó de garantizar lo más básico.