Según Reuters, al menos cuatro personas murieron tras la ofensiva: tres en la región de Moscú y una en Belgorod, zona rusa fronteriza con Ucrania. El ataque fue descrito como el mayor golpe nocturno con drones contra la capital rusa en más de un año.
El Ministerio de Defensa ruso aseguró que sus sistemas antiaéreos derribaron más de 1,000 drones ucranianos en un período de 24 horas, una cifra que muestra la magnitud de la escalada y la intensidad de la guerra tecnológica que ambos países libran cada vez más lejos del frente tradicional.
La propia defensa aérea rusa, que Moscú presenta como una muralla impenetrable, quedó otra vez bajo presión. El alcalde de Moscú, Sergei Sobyanin, citado por TASS y Reuters, dijo que 81 drones dirigidos hacia la capital fueron destruidos desde la medianoche, el mayor ataque contra Moscú en más de un año.
El golpe dejó 12 heridos, la mayoría cerca de la entrada de la refinería de petróleo de Moscú. Las autoridades rusas dijeron que tres viviendas resultaron dañadas, aunque aseguraron que la tecnología principal de la refinería no fue afectada.
En Khimki, al norte de Moscú, una mujer murió cuando una vivienda fue alcanzada, mientras que otros dos hombres murieron en la localidad de Pogorelki, en el distrito de Mytishchi. También se reportaron daños en edificios residenciales e infraestructura.
El aeropuerto de Sheremetyevo, el más grande de Rusia, informó que fragmentos de drones cayeron en su territorio, aunque sin causar daños. Aun así, el hecho de que restos de aparatos explosivos lleguen a las inmediaciones de una terminal aérea de ese nivel muestra hasta qué punto la guerra ya no se queda lejos de Moscú.
Ucrania confirmó el ataque y el presidente Volodímir Zelenski lo justificó como respuesta a la prolongación de la guerra y a los ataques rusos contra ciudades ucranianas. Zelenski afirmó que las respuestas de Ucrania están “enteramente justificadas” y dijo que Kiev puede alcanzar objetivos a más de 500 kilómetros de su frontera.
El mandatario ucraniano usó una frase que ya recorre medios internacionales: “las sanciones ucranianas de largo alcance llegaron a la región de Moscú”. También envió un mensaje directo a los rusos: su Estado debe poner fin a la guerra.
El ataque llega después de una ofensiva rusa devastadora contra Kyiv, donde murieron 24 personas, incluidos menores, según el reporte de ABC News basado en información de Reuters. Para Kiev, la ofensiva sobre Moscú fue presentada como una respuesta a esa agresión.
La guerra de drones está cambiando el equilibrio psicológico del conflicto. Rusia invadió Ucrania esperando mantener la guerra lejos de su población civil y de sus centros de poder, pero cada nuevo ataque profundo demuestra que Moscú también es vulnerable.
El Kremlin acusó a Ucrania de atacar civiles, mientras Kiev niega atacar deliberadamente a la población y sostiene que busca dañar infraestructura militar, energética y logística que alimenta la maquinaria de guerra rusa. Reuters recordó que ambas partes niegan atacar deliberadamente a civiles.
El Servicio de Seguridad de Ucrania afirmó que sus ataques alcanzaron una refinería y dos estaciones de bombeo de petróleo, y sostuvo que golpear instalaciones militares, industriales y logísticas reduce la capacidad rusa de sostener la guerra.
La ofensiva también evidencia el avance de Ucrania en tecnología de drones de largo alcance. Lo que antes parecía reservado a misiles costosos y operaciones excepcionales, ahora se ha convertido en una herramienta central de presión estratégica.
Para Putin, el problema no es solo militar. Es político. Cada explosión cerca de Moscú golpea la imagen de control absoluto que el Kremlin vende a su población y muestra que la guerra que lanzó contra Ucrania puede regresar a la puerta de su propia capital.
Este ataque no significa que la guerra esté cerca de terminar. Al contrario, confirma una escalada peligrosa en la que ambos países golpean infraestructuras críticas, aeropuertos, refinerías, plantas industriales y objetivos de alto valor estratégico.
Pero sí deja una señal clara: Ucrania ya no solo resiste. También responde lejos, profundo y con capacidad creciente. Moscú quiso imponer miedo sobre Kyiv; ahora descubre que la guerra también puede tocar su propia casa.
La lluvia de drones sobre Moscú marca un nuevo punto de tensión internacional. No es solo un ataque militar: es un mensaje político, tecnológico y psicológico. Ucrania intenta demostrar que Rusia no podrá bombardear impunemente sus ciudades mientras mantiene intacta la sensación de seguridad en la capital del poder ruso.
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